martes, 24 de octubre de 2017

Oct 20, 2017
Un bosque terapéutico

Para Marisela Jaime, Bertín Zavaleta y Carlos Somera
En el bosque hay misterio, hay leyendas de bienaventurados y malvados con enlazadas serpientes desafiantes que en su tránsito dejan huella. Los árboles son centinelas que se mueven en la sombra, ninguno es referencia, cambian dependiendo de la historia que se cuente y de los personajes que les dan sustancia. Algunos de estos protagonistas son egoístas y hacen breñas y los que son generosos  prenden árboles en la sierra como quien pone un nacimiento.
Yo sé de alguien que tiene su cabaña en la frontera del bosque. Hacia adentro, en lo oscuro del bosque se desprende un olor a infinito;  a una mezcla de olores a pájaros vivos y muertos. Los nidos de tortugas de tierra alojan todo el pasado, las águilas en las alturas  alientan la idea de futuro. Todos estos animales son necesarios para situarme y andar hacia adentro del bosque. El crepúsculo o el alba, donde los rayos del sol son débiles, son el mejor momento para adentrarse en el bosque, así los ojos verán a plenitud.
Algunos que fueron al bosque  platican que caminaron 800 pasos y se les reventó el zapato y se detuvieron a remendarlo, pero la verdad tan sólo fue un pretexto para no seguir. Había turbación, ellos  mostraron la prenda inservible y circularon a la orilla originaria. Los que siguieron cuentan que a su regreso vieron un camino de azucenas rojas silvestres, que reñían con unos rayos de luz que enmarcaban la alegría en el solar.
¿Dónde está el sol? decían y con sus gritos despertaron a las abejas que  les  indicaron comida, miel en panales vírgenes desbordantes de trabajo de  miles de abejas. Los osos mansos tenían las manos llenas de miel y su hocico lo lamían con singular mueca. Eso sucedió, decían con gran alboroto. Muchos no creímos los años que pasamos alejados del bosque y que eso nos hizo perder la capacidad de asombrarnos por lo rural y cotidiano. En la medida que nos alejamos de la relación agraria nos volvimos más insensibles a nosotros mismos.
El olor del bosque se impregna, tiene oxígeno, en una aspiración llenamos los pulmones hasta sentirnos incómodos por tanta pureza. Lo cotidiano esconde misterios, así mismo el bosque los reúne y nos asombra la vegetación tan peculiar que nace del esfuerzo entre las piedras y la tierra en delirio por caerse, musgos y lirios silvestres dan fe de estos arrestos.
El viento erosiona las lascas que salen como obstáculos al horizonte. Ellas esconden siluetas de misterios fantásticos; hay imágenes que proyecta hasta la otra loma con aumento lleno de grandiosidad que sorprenden a los resueltos observadores de los curiosos. Los curiosos se pierden en la inmensidad de las creencias. ¿Qué ves?
El  mundo al revés no en serio, ¿acaso no ves que ese cerro es un indio que está tomando agua?, no veo. Entonces nos enfrascamos en discusiones de distancias e intensidad en la mirada, puedes ver infinidad de veces el mismo punto y encontrarás una lectura distinta del paisaje. Conciliamos cuando alguien cede diciendo tienes razón esa figura de oso, ¡es un oso!  Ufano dice ¡tenía razón! ¿Verdad?
No puede agotarse el recuerdo de una tarde en el bosque ya que nuestros ojos,  los ojos lo miran sin mirarlos y lo apreciamos al evocarlo. Un claro ejemplo es "la cabaña de los sueños” donde los árboles circundantes homenajean al esfuerzo de los que fomentan la amistad y respetan la naturaleza. Marisela y Bertín se sorprenden   con la sierra pero sobre todo con el bosque y congregan árboles, fauna y aves pero sobre todo amigos y amistades; a esa reunión la llaman afectuosamente visita al bosque.
Esto sin duda es un ecosistema de protección favorecida. Por ese sueño de construcción, en esa minúscula parte del bosque se siente la protección de ese espacio de aire de libertad y de esperanza donde cuelgan un mensaje de bienvenida misma que dan las ardillas y cotorras serranas que con su agradable bulla anuncian con puntualidad cualquier cambio en el ambiente además de la entrada y salida a ese espacio en el bosque.
Ahora me interesa destacar esa fórmula generosa, ya que la patraña siempre se cuelga de estas bondades y ahí donde hay un empujón para mejorar y cuidar el bosque hay otros que fraccionan, talan e incluso incendian los bosques para cambiar el uso de terreno. Siempre hay lobos, con tamaño hocico, para amedrentar en el bosque.
Gustosos recientemente hemos visto que la relación de la lluvia con el bosque es maravillosa. El evento a veces es inquietante para los citadinos porque las descargas eléctricas, tan severas asustan, pero es bien sabido que como todo organismo vivo y juguetón, el bosque y la lluvia se divierten como cuando uno juega a las guerritas; aquí son truenos y agua que entran al organismo con la intensa lluvia. No hay cuidado,  los árboles saben bien del juego y alertan sus raíces y sus tallos, toman el agua hasta llenarse de ese líquido y que despiden lenta y cuidadosamente a través de pequeños arroyuelos de ojitos de agua cristalina. Un árbol henchido de agua tiene una belleza distinta, una fragancia excepcional. ¿Lo ha visto usted señor, señora visitante?
Un baño de bosque de vez en cuando en las distintas estaciones del año, ayuda a disminuir la ansiedad, el estrés, la tensión arterial, pero sobre todo aumenta el vigor.
El bosque es sosiego, a mí me gusta su sonido, más bien sus sonidos, los rayos del sol que cantan, las gotas de agua desafían en eco, hay resonancias en las hierbas, en las piedras, en los pájaros, en los animales y el viento es una sinfonía completa. Yo descubro el sonido de las flautas en el viento. ¿Será posible contar todas las experiencias del bosque?  ¿Usted qué opina estimado lector?

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