lunes, 2 de octubre de 2017


Cuando hablamos de intelectuales, hablamos de personas de carne y hueso, individuos que nacen , crecen, se reproducen, y mueren… pero que además, tienen intereses de todo orden, fundamentalmente económicos; ellos cuentan en sus costras de piel, con fobias, con gustos , con delirios de grandeza y algunos con ganas de trascender.
La rotonda de las personas distinguidas aún es un imán de fuerte atracción para ellos. Todos los intelectuales aparecen buscando espacios en el acontecer nacional y una buena parte en escenarios de subsistencia.
La revista Forbes cada año coloca en un listado,  además de las condiciones para elaborar una lista,  personajes vivos y activos, que desempeñen toda o buena parte de su tarea intelectual en español y que tengan influencia en el debate regional.
En el listado que arroja esta encuesta de Forbes también se encuentran  mexicanos, como: Héctor Aguilar Camín, periodista, novelista e historiador; Alicia Bárcena, política; Jorge Castañeda, político y escritor; Sergio González , escritor y periodista; Enrique Krause, ensayista e historiador; Federico Reyes Heroles, escritor y columnista; el escritor y cineasta colombiano nacionalizado mexicano, Fernando Vallejo; y Jorge Volpí, escritor.
Vayamos un poco al origen del término intelectual para entenderlo de un modo más fresco. Intelectual es algo relativo al entendimiento,  por ello se conoce como intelectual a la persona que se dedica  a las letras y las ciencias; son hombres y mujeres que utilizan el estudio para descifrar la realidad y los problemas sociales.
Por tanto los intelectuales tienen el deber de fomentar la reflexión crítica, educando a la población y proponiendo debates que expliquen ciertos fenómenos.
Por eso los intelectuales corren el riesgo de ir y venir elaborando opiniones y argumentos sobre temas indistintos: el combate al narcotráfico, la legalización de la mariguana, el estado de la democracia, la soberanía nacional, el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, sobre qué deben hacer los cubanos a la muerte de Fidel y  la llegada de Trump pero la mayoría de sus sesudos análisis fallan tremendamente.
Creo que esta disociación con la realidad los tiene sumidos en una bolsa de la que quieren sacar una ganancia con su opinión.
Comenzaron su meritoria carrera estudiando y preparándose para tener más luces  en la realidad y ahora fortalecen sus propias empresas.

Lo grave de todo esto, es que han registrado como propiedad intelectual   a México y se sienten ofendidos y robados cuando alguien más opina. Debemos  estar atentos y cuidar que estos doctos  no nos impongan como ver nuestro país.

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