Cuando
hablamos de intelectuales, hablamos de personas de carne y hueso, individuos
que nacen , crecen, se reproducen, y mueren… pero que además, tienen intereses
de todo orden, fundamentalmente económicos; ellos cuentan en sus costras de
piel, con fobias, con gustos , con delirios de grandeza y algunos con ganas de
trascender.
La
rotonda de las personas distinguidas aún es un imán de fuerte atracción para
ellos. Todos los intelectuales aparecen buscando espacios en el acontecer nacional
y una buena parte en escenarios de subsistencia.
La
revista Forbes cada año coloca en un listado,
además de las condiciones para elaborar una lista, personajes vivos y activos, que desempeñen
toda o buena parte de su tarea intelectual en español y que tengan influencia
en el debate regional.
En
el listado que arroja esta encuesta de Forbes también se encuentran mexicanos, como: Héctor Aguilar Camín,
periodista, novelista e historiador; Alicia Bárcena, política; Jorge Castañeda,
político y escritor; Sergio González , escritor y periodista; Enrique Krause,
ensayista e historiador; Federico Reyes Heroles, escritor y columnista; el
escritor y cineasta colombiano nacionalizado mexicano, Fernando Vallejo; y
Jorge Volpí, escritor.
Vayamos
un poco al origen del término intelectual para entenderlo de un modo más
fresco. Intelectual es algo relativo al entendimiento, por ello se conoce como intelectual a la
persona que se dedica a las letras y las
ciencias; son hombres y mujeres que utilizan el estudio para descifrar la
realidad y los problemas sociales.
Por
tanto los intelectuales tienen el deber de fomentar la reflexión crítica,
educando a la población y proponiendo debates que expliquen ciertos fenómenos.
Por
eso los intelectuales corren el riesgo de ir y venir elaborando opiniones y
argumentos sobre temas indistintos: el combate al narcotráfico, la legalización
de la mariguana, el estado de la democracia, la soberanía nacional, el tratado
de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, sobre qué deben hacer los
cubanos a la muerte de Fidel y la llegada
de Trump pero la mayoría de sus sesudos análisis fallan tremendamente.
Creo
que esta disociación con la realidad los tiene sumidos en una bolsa de la que
quieren sacar una ganancia con su opinión.
Comenzaron
su meritoria carrera estudiando y preparándose para tener más luces en la realidad y ahora fortalecen sus propias
empresas.
Lo
grave de todo esto, es que han registrado como propiedad intelectual a México y se sienten ofendidos y robados
cuando alguien más opina. Debemos estar
atentos y cuidar que estos doctos no nos
impongan como ver nuestro país.

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