Jul 19, 2017
¿Hay diferencia entre la vejez y la
ancianidad?
La
ronda de las décadas tienen grandes barruntos que deberíamos observar, pero nos
pasan desapercibidos sin que podamos reconstruir en esas anclas que nos hacen
distintos y diferentes.
Claro
que no es cosa de edad solamente, como dice Isabel Allende en su libro “El
amante japonés”, sino de salud mental y física. Cierto que siempre debemos
tener algo que nos haga vivir
independiente. En todo momento, los viejos débiles, achacosos y los
ancianos en general necesitan asistencia y vigilancia. Los ancianos día a día
llegan a ser como niños sentimentales, sin miedo al ridículo, con tendencia a
los recuerdos de sus vidas. Todos las tienen y muchos las inventan como pavos
reales que cuidan sus últimas plumas hermosas y deslumbrantes.
Como
ellos se acuerdan a retazos de sus vidas, nos tienen expectantes a que salten
los gatos de tejado en tejado y le canten a la luna, queriendo estar detrás de
ella.
Los
ancianos no piensan en la vejez, solo piensan en el final; se preocupan de los
retazos de tela que pusieron como cortinas y quisieran tener un estómago fuerte
o piernas ligeras para hacer lo mejor de las cosas.
Por
más que quieran, los viejos y ancianos no son hipócritas, se malhumoran porque
los jóvenes cambian de lugar el orden de su poca existencia, y además sienten
una especie de compasión mentirosa que les trata de acomodar el confort.
Ellos platican mucho, llaman a las sombras que se quedaron con
atraso, desfasadas. Las regañan para que se alineen como lo hacían en los
contingentes en la escuela, al compás de tambores tensos y corazones orgullosos
palpitantes.
El
diccionario de la Real Academia de la lengua española define el envejecimiento
como causa y efecto de envejecer, y la vejez la define como: “cualidad de viejo”, “edad senil,
senectud”. Infortunadamente, la notoria confusión entre los términos hace aun
indefinible políticas públicas para su atención.
Debemos
entender que ese proceso comienza con el nacimiento, nadie nace viejo o
envejecido. Lamentablemente en nuestro país pocas son las políticas que
atiendan esta etapa. Médicos especialistas, son pocos; casas de atención
especializada poca; personal de apoyo, enfermeros, enfermeras, cuidadores,
cuidadoras escasas y sin buena capacitación. Este es el panorama que campea.
¿A
los ancianos qué les cura sus males? ¿Qué hacer?
En
2030 México tendrá 20.4 millones de
adultos mayores.
Este
pronóstico contempla una transición demográfica, caracterizada por la reducción
de la fecundidad y la mortalidad. Tal disminución ha provocado cambios
importantes en la estructura social debido a que la esperanza de vida ha
aumentado. Ahora los mexicanos seremos
una población de más viejos.
Se
comenta que estamos ajustando criterios sociales al respecto, sin embargo las
pensiones se reducen. Se dice, oficialmente, que los salarios se calcularon con
una esperanza de vida tal, y ahora ésta
ha aumentado. Algo hay de razón, pero no
toda; le metieron mano a los
ahorros de estos fondos y en su mayoría están quebrados, incapaces de ofrecer una vejez y ancianidad
con elementos de atención suficientes. Se les fue la mano hasta el fondo en la
caja.
Los
medicamentos hoy en las farmacias oficiales, sindicales, están desaparecidos, y
este doble truco de la desaparición solo beneficia a los corruptos y a las
farmacéuticas que obtienen doble ganancia en los medicamentos.
Pobres
de los viejos y ancianos que no pueden comprar medicamentos por vía privada y
con esto se forma un círculo vicioso tan errático como contumaz. Es la desesperación
en su figura más atroz.
¿Cuándo
se pondrá remedio a estas circunstancias?
Pareciera
que solo estamos en la espera de que estos
ancianos remilgosos, achacosos, macilentos, lentos efectivamente, mueran, aunque su buen humor
aun persista. Yo creo que los ancianos
deben protestar todos los días, no solo por su derecho a vivir su corto tiempo,
sino de ser capaces de trascender con su protesta. Nosotros debemos ser
conscientes que, juntos todos ellos, tienen más edad histórica y numérica que
todas las instituciones de salud y que los corruptos malnacidos.
También
deberíamos plantar un árbol, aunque ya no lo vean, que creciera tan grande en
cada pueblo para que en el todos se abracen como protesta y sentido de reconciliación
con la humanidad.
Para
el anciano, la esperanza es breve, solo cantan para sí mismos; la poca cara que
les queda en su alma, tiene asombro aun; sus ojos brillan con pequeños
destellos, en huecos tan profundos como la noche eterna. Comienza entonces el
canto del despido, los pulmones agobiados, dan la última bocanada de esperanza.
Acompañemos
a estos viejos y ancianos en sus avatares; después sembremos una flor grande y
amarilla como una hortensia que alegre el día. ¿Usted qué piensa estimado
lector?

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