Ago 18, 2017
Los sonidos del agua
A
propósito de las vacaciones y los viajes a Chiapas, Oaxaca, Guanajuato, Veracruz,
Tlaxcala, Hidalgo, Sonora, Baja California, Durango, Jalisco, Zacatecas,
Nayarit, Tabasco y otros estados más que
tienen un encanto por sus
costumbres y por sus escenarios, en ellos se goza con los paisajes, la fauna y
con las aves, pero a mí me gusta disfrutar los silencios y los sonidos del
agua.
Recientemente
fui a Tabasco y fue una grata experiencia visitar ese magnífico parque "La
Venta”, ubicado en la capital del estado,
Villahermosa. De entrada al parque uno se encuentra con un zoológico en
donde hay especies locales o de la región, monos araña, jaguares, panteras de
varios colores, aves, papagayos, quetzales. Dicen que mucho de la concepción
del parque "La Venta” fue obra de
Carlos Pellicer, un poeta tabasqueño además de museólogo, que nació en Tabasco
en 1899.
Viajero
apasionado y poeta de recintos cerrados, fue cantor de los grandes ríos, de la
selva y el sol. Ocupó varios cargos importantes en diferentes museos, fue profesor de literatura e historia
y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. Además estuvo en la presidencia
del Consejo Latinoamericano de Escritores con sede en Roma.
La
mejor definición de este poeta la da Octavio Paz: "Gran poeta, Pellicer
nos enseñó a mirar el mundo con otros ojos y al hacerlo modificó la poesía
mexicana. Su obra, toda una poesía con su pluralidad de géneros, se resuelve en
una luminosa metáfora, en una interminable alabanza del mundo: Pellicer es el
mismo de principio a fin".
"Piedra
de sacrificios” en 1924, "Hora de junio” en 1937, "Exágonos” en 1941,
"Subordinaciones” en 1948 y "Con palabras y fuego” en 1963, son parte
de su extensa obra poética. Falleció en 1977.
A
partir del zoológico se vive una experiencia diferente y extraordinaria, el
visitante comienza un trayecto por un camino con árboles inmensos que dan un
cobijo de paz y un clima de energía positiva. El paseo arbolado está adornado
con piezas arqueológicas de la cultura olmeca, que según expertos fue una
cultura fundacional de México, de las más antiguas. Comentan que es una
civilización madre de otras culturas. El paseo culmina con la pieza más
conocida, la cabeza de un olmeca. En el trayecto a uno le surgen dudas y
preguntas como: ¿Dónde obtendrían la piedra para elaborar estas piezas? ¿Cómo
las transportarían? ¿Quién las elaboró con tanta belleza?
Preguntas
todas que van quedando en el morral de las
incógnitas por buscar u olvidar.
Cuando
uno ha recorrido todo este sitio (ellos han pensado en personas de la tercera
edad) y después de haberse tomado un sinfín de fotografías, uno reflexiona:
¿Por qué se perdió esta cultura hermosa y tan llena de estética? Luego, busca una banca para sentarse y
descansar un poco, entonces viene el prodigio, comienza una travesía al
escuchar el maravilloso sonido del agua, esto asombra.
Atónito,
uno comienza a diferenciar los sonidos de agua, grande, pesado, algo que que va
irrumpiendo con fuerza y presión; luego escucha aguas medianas que forman curso
de aguas formales, fastuosas; después vienen las aguas pequeñas y cristalinas
alegres, juguetonas, traviesas que llevan un buen sabor y contagian de júbilo.
Usted
se podrá quitar los zapatos e imaginariamente caminar las orillas de los ríos
Usumacinta y Grijalva, andar los manglares entre el agua e irse en las aguas
hasta su desembocadura en Paraíso, donde el agua del río se mezcla con las aguas del mar.
Uno
no lo sabe de cierto, pero la cultura olmeca y maya más que por los astros, se
guió por el agua; ellos tomaban su
sonido serpenteante para sentir en el corazón la vida.
No
sé qué tan cierto sea eso de que los viajes ilustran, pero en este parque se
cumplen los mejores gozos, retorna uno cansado orgulloso de aliento, con ganas
de vivir así todas las experiencias museográficas, por esto se antoja una buena
cerveza negra para rematar el paseo,
¿gustan? estimados lectores ¿dónde ir ahora?

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