Oct 18, 2017
Los
cubanos tienen algo en los oídos, en el cuerpo o en ambos sitios de su
organismo, ya que la música les afecta de forma distinta. Cualquier asunto,
para ellos, es pretexto para reunirse en el ángulo de una esquina donde se recargan y comienzan a esparcir la música a los cuatro vientos.
Claro
que a mitad de cuadra pueden juntarse y dejar sonar las percusiones tan raras
como ruidosas, o un tres cuchicheando
canciones sentidas o melancólicas.
Hay
grupos de músicos que andan
buscando a los quereres, o a alguien que
les haga segunda para hacer una sonora descarga que puede durar el resto de la
tarde. En ocasión la conga se convierte en un carnaval de sentimientos tan
intensos, que juntan a toda la cuadra e
incluso el barrio.
A
mí me gusta la guajira, tan campirana;
sus coplas hacen que uno sienta los sembradíos tan armoniosos y laboriosos, o tiene los gritos del llano que busca dejar un recado o un
saludo. La guajira tan sabrosa hace punto cubano con coplas rimadas para el
deleite de los escuchas.
El
bolero es un estilo que viene fortaleciéndose a través de la trova cubana y
yucateca desde el siglo XIX. Muchos de
ellos tiene letras excepcionales que nos
cautivan con la mayor facilidad, imagine:
La
tarde
La
luz que en tus ojos arde
Si
lo abres amanece
y
si lo cierras parece
que
va muriendo la tarde.
Las
penas que a mí me matan
son
tantas que se atropellan
y
como de matarme tratan
se
agolpan unas a otras
por
eso no me matan.
El
bolero tuvo un gran impacto, pero la música de danzón, merengue, chachachá,
mambo hicieron entre los años treinta y
setenta las delicias de los mexicanos, fundamentalmente de los estados
de Yucatán, Campeche, Veracruz y del
Distrito Federal.
En
las décadas de los años treinta a cincuenta un gran número de músicos cubanos
salieron de la isla en busca de más amplios horizontes para sus talentos. La
radio en los primeros años y la televisión dieron una buena cobertura a esos músicos
y sus interpretaciones.
Entre
esos artistas migrantes se pueden conformar
tres grupos:
1)
Los que se quedaron en México;
2)
los que estuvieron en México mucho tiempo y luego se fueron; y
3)
los que estuvieron en México por corto tiempo.
Primer
grupo (por orden alfabético)
Acerina
(Consejo Valiente Robert) Lilón
Babuco
(Tiburcio Hernández) Méndez, Silvestre
Beke,
Félix Mercerón, Mariano
Berrio,
Manuel Núñez, Arturo
Bruno
Tarraza, Juan Núñez, Arsenio
Cabrera,
Juan Luis O’Farril, Enrique
Chimenea
(Pascual Capote) Palacios, Hortensia
Castro,
Ramón (Manos de seda) Patterson, Lázaro
Cataneo,
Francisco Pérez Prado, Dámaso
Cortés,
Lázaro (Tony) Ponce Reyes, Tomás
Duarte,
Pablo Renté, Emilio
Estrada,
Aurelio (Yeyo el cantante) Roberto y Mitzuko
Fellove,
Gabino (El Gran Fellove) Rodríguez, Tino
Fellove,
Francisco Rodríguez, Lazara
Gárciga,
Juan José Sosa, Alejandro
González,
Joaquín
Julio,
Alfonso (El Gallego de Matanzas)
Tamayo,
Aurelio (Yeyo)
Tapann,
Enrique (Tabaquito)
Vernier,
Domingo (Mango)
Segundo
grupo
Cané,
Humberto
Cuesta,
Silvia
Díaz
Mena, Antonio (Chocolate)
Dorca,
Ramón
Forcade,
Carlos
Mendive,
Kiko
Ruiz,
Eulalio
Tercer
grupo
Barreto,
Justi
Chicho
(Clemente Piquero)
Durán,
Modesto
Moré,
Beny
Santamaría,
Mongo”
¿Recuerda
usted la canción María Cristina, de Nico Saquito; el Sol de la Loma, de Miguel Matamoros, o los Marcianos llegaron
ya, de Mariano Mercerón?
Los
gritos característicos dicen mucho de los músicos y muchos de éstos se
recuerdan por eso: “¡hey, familia: danzón dedicado al Kid Azteca y amigos que
lo acompañan!”
Se
oye el rumor de un pregonar, que dice así: el hierberito llegó.
Tanto
la letra como la voz de Celia Cruz resuenan en los distintos puntos del país.
Todos
hacían la gira en las famosas caravanas artísticas. Hubo concursos por sacar a
los mejores bailadores y bailadoras de danzón,
chachachá, mambo, salsa y nueva trova, en el Distrito Federal.
Los
bailadores levantaban polvo y en las localidades muchos demostraban sus dotes
dancísticas. Estos ritmos eran interpretados por sujetos que habían adquirido
su popularidad local. El “Chibirico” dejaba atónitas a las mujeres que hacían pareja con él cuando danzaban. ¿Dónde
anda el Gordo Vázquez? que ese danzón es su pieza favorita; “El arete de
Mariles” lo hace soñar y dejar el
sentimiento en la pista. Sin duda, son
recuerdos del Salón México, del Salón Colonia, El Pirata, El Azteca, y luego el California.
El
ritmo Be bop en español lo desarrollan
el percusionista Carlos Daniel Lobo Navarro
y el cantante Ángel Melón Silva en la década de los sesenta
con gran éxito; y precisamente de Lobo y Melón, amenizaron los sueños de los
que nacieron en los años cuarenta cuando en el cabaret se tomaba ron Bacardi, ron
Potosí o ron Castillo.
Sin
duda fue una gran época que se alienta con nuevos músicos, entre ellos Alejando
García ¡Virulo! que recientemente se presentó en Saltillo ante unos cien
espectadores tan gratamente sorprendidos.

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