lunes, 23 de octubre de 2017

Oct 18, 2017

Los cubanos tienen algo en los oídos, en el cuerpo o en ambos sitios de su organismo, ya que la música les afecta de forma distinta. Cualquier asunto, para ellos, es pretexto para reunirse en el ángulo de una esquina donde  se recargan y comienzan a esparcir la  música a los cuatro vientos.
Claro que a mitad de cuadra pueden juntarse y dejar sonar las percusiones tan raras como ruidosas, o un tres cuchicheando  canciones sentidas o melancólicas.
Hay grupos  de músicos que andan buscando  a los quereres, o a alguien que les haga segunda para hacer una sonora descarga que puede durar el resto de la tarde. En ocasión la conga se convierte en un carnaval de sentimientos tan intensos, que juntan a toda la cuadra  e incluso el barrio.
A mí me gusta la guajira, tan campirana;  sus coplas hacen que uno sienta los sembradíos tan armoniosos y  laboriosos, o tiene los gritos  del llano que busca dejar un recado o un saludo.  La guajira tan sabrosa hace  punto cubano con coplas rimadas para el deleite de los escuchas.
El bolero es un estilo que viene fortaleciéndose a través de la trova cubana y yucateca desde el siglo XIX.  Muchos de ellos  tiene letras excepcionales que nos cautivan con la mayor facilidad, imagine:
La tarde
La luz que en tus ojos arde
Si lo abres amanece
y si lo cierras parece
que va muriendo la tarde.

Las penas que a mí me matan
son tantas que se atropellan
y como de matarme tratan
se agolpan unas a otras
por eso no me matan.
El bolero tuvo un gran impacto, pero la música de danzón, merengue, chachachá, mambo hicieron entre los años treinta y  setenta las delicias de los mexicanos, fundamentalmente de los estados de  Yucatán, Campeche, Veracruz y del Distrito Federal.
En las décadas de los años treinta a cincuenta un gran número de músicos cubanos salieron de la isla en busca de más amplios horizontes para sus talentos. La radio en los primeros años y la televisión dieron una buena cobertura a esos músicos y sus interpretaciones.
Entre esos artistas migrantes se pueden conformar  tres grupos:
1) Los que se quedaron en México;
2) los que estuvieron en México mucho tiempo y luego se fueron; y
3) los que estuvieron en México por corto tiempo.

Primer grupo (por orden alfabético)
Acerina (Consejo Valiente Robert) Lilón
Babuco (Tiburcio Hernández) Méndez, Silvestre
Beke, Félix Mercerón, Mariano
Berrio, Manuel Núñez, Arturo
Bruno Tarraza, Juan Núñez, Arsenio
Cabrera, Juan Luis O’Farril, Enrique
Chimenea (Pascual Capote) Palacios, Hortensia
Castro, Ramón (Manos de seda) Patterson, Lázaro
Cataneo, Francisco Pérez Prado, Dámaso
Cortés, Lázaro (Tony) Ponce Reyes, Tomás
Duarte, Pablo Renté, Emilio
Estrada, Aurelio (Yeyo el cantante) Roberto y Mitzuko
Fellove, Gabino (El Gran Fellove) Rodríguez, Tino
Fellove, Francisco Rodríguez, Lazara
Gárciga, Juan José Sosa, Alejandro
González, Joaquín
Julio, Alfonso (El Gallego de Matanzas)
Tamayo, Aurelio (Yeyo)
Tapann, Enrique (Tabaquito)
Vernier, Domingo (Mango)

Segundo grupo
Cané, Humberto
Cuesta, Silvia
Díaz Mena, Antonio (Chocolate)
Dorca, Ramón
Forcade, Carlos
Mendive, Kiko
Ruiz, Eulalio

Tercer grupo
Barreto, Justi
Chicho (Clemente Piquero)
Durán, Modesto
Moré, Beny
Santamaría, Mongo”

¿Recuerda usted la canción María Cristina, de Nico Saquito; el Sol de la Loma,  de Miguel Matamoros, o los Marcianos llegaron ya, de  Mariano Mercerón?
Los gritos característicos dicen mucho de los músicos y muchos de éstos se recuerdan por eso: “¡hey, familia: danzón dedicado al Kid Azteca y amigos que lo acompañan!”
Se oye el rumor de un pregonar, que dice así: el hierberito llegó.
Tanto la letra como la voz de Celia Cruz resuenan en los distintos puntos del país.
Todos hacían la gira en las famosas caravanas artísticas. Hubo concursos por sacar a los mejores bailadores y bailadoras de danzón,  chachachá, mambo, salsa y nueva trova, en el Distrito Federal.
Los bailadores levantaban polvo y en las localidades muchos demostraban sus dotes dancísticas. Estos ritmos eran interpretados por sujetos que habían adquirido su popularidad local. El “Chibirico” dejaba atónitas a las mujeres que  hacían pareja con él cuando danzaban. ¿Dónde anda el Gordo Vázquez? que ese danzón es su pieza favorita; “El arete de Mariles”  lo hace soñar y dejar el sentimiento en la pista.  Sin duda, son recuerdos  del Salón México,  del Salón Colonia, El Pirata,  El Azteca, y luego el California.
El ritmo Be bop en español lo  desarrollan el percusionista Carlos Daniel Lobo Navarro  y  el cantante  Ángel Melón Silva en la década de los sesenta con gran éxito; y precisamente de Lobo y Melón, amenizaron los sueños de los que nacieron en los años cuarenta cuando en el cabaret se tomaba ron Bacardi, ron Potosí o ron Castillo.

Sin duda fue una gran época que se alienta con nuevos músicos, entre ellos Alejando García ¡Virulo! que recientemente se presentó en Saltillo ante unos cien espectadores tan gratamente sorprendidos. 

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