Cómo está presente la muerte
La muerte, ¡claro!, que preocupa. Sigue siendo el evento más
trascendental que los hombres y mujeres experimentan. Eso marca a los deudos, a
los que nos quedamos en este mundo.
La muerte hace unos años, no muchos, era un evento
relevante, la comunidad se consternaba y el evento se comentaba desde la mañana
cuando los primeros madrugadores se transmitan con fluidez el acontecimiento,
cuando salían a barrer la calle o se apresuraba a la misa de siete.
¿Ya te enteraste que se murió, don zutanito o doña perenganita? La misa será en… lo están
velando en…
El duelo buscaba dar rienda suelta al dolor, frente a tanto sufrimiento el consuelo se
imponía con la reflexión profunda en la misa que se celebraba de cuerpo
presente invariablemente. Nada de cremaciones.
Recordamos que el
pueblo era así de chiquito y estar enterado de las muertes implicaba una
afición cotidiana como una suerte de acompañamiento.
Hablar de la muerte de alguien, era una acción que manifestaba un sentido de pertenencia especial,
participar en el sepelio era mayor cercanía, acompañar al muerto hasta la tumba
era un signo de familiaridad.
Había pocas funerarias, todos las conocíamos y a sus dueños
y empleados. Las capillas vejatorias despren
Ahora la población 50 años después de todo aquello tiene
escenas distintas, los decesos se han vuelto masivos, urgentes, se muere más
gente, y los velorios son más rápidos como una simple cortesía al muerto
El dolor sigue siendo
profundo para los deudos, pero más aislados socialmente. Todo se diluye
entre el tipo de atención y el número de arreglos florales.
Sin duda las funerarias se han multiplicado y con ellas los
paquetes de atención.
Desde luego hay nuevas prácticas, los rezos son más aguados, se tiene ligereza
en los protocolos, y el dolor de una
sociedad que camina de prisa se va aligerando. Nacer y morir son dos actos que
se vuelven un murmullo de abejas. El tiempo recortado pone incertidumbre a
las tradiciones que aun no acaban de
tomar su forma final.
Hoy incluso los suicidios tienen otra cara, de ser un
acontecimiento casi secreto dado en la opacidad y disimulo total, pasa a ser
un acontecimiento que da invariablemente nota periodística y se vuelve
una estadística y no importa la muerte, ni su causa; sino el número de evento.
Algo ha mejorado, la mácula, casi eterna que
se tenía, afortunadamente ha cambiado,
eso sin duda para bien.
Uno de los destinos del cuerpo de un difunto, que más se va
imponiendo es la cremación, sin duda que es en beneficio y ahorro de espacio.
Que podemos decir frente a ese apremio.
Algunas veces no terminan esas cenizas en una cripta, sino
que, también se tiene la opción de volver esas cenizas en una joya o bien en
una planta frondosa y alegre que toma nueva vida.
Usted estimado lector ¿la muerte, cómo se le presenta?

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