lunes, 2 de octubre de 2017


Cómo está presente la muerte

La muerte, ¡claro!, que preocupa. Sigue siendo el evento más trascendental que los hombres y mujeres experimentan. Eso marca a los deudos, a los que nos quedamos en este mundo.
La muerte hace unos años, no muchos, era un evento relevante, la comunidad se consternaba y el evento se comentaba desde la mañana cuando los primeros madrugadores se transmitan con fluidez el acontecimiento, cuando salían a barrer la calle o se apresuraba a la misa de siete.
¿Ya te enteraste que se murió, don zutanito  o doña perenganita? La misa será en… lo están velando en…
El duelo buscaba dar rienda suelta al dolor,  frente a tanto sufrimiento el consuelo se imponía con la reflexión profunda en la misa que se celebraba de cuerpo presente invariablemente. Nada de cremaciones.
Recordamos  que el pueblo era así de chiquito y estar enterado de las muertes implicaba una afición cotidiana como una suerte de acompañamiento.
Hablar de la muerte de alguien, era una  acción que manifestaba  un sentido de pertenencia especial, participar en el sepelio era mayor cercanía, acompañar al muerto hasta la tumba era  un signo de familiaridad.
Había pocas funerarias, todos las conocíamos y a sus dueños y empleados. Las capillas vejatorias despren
Ahora la población 50 años después de todo aquello tiene escenas distintas, los decesos se han vuelto masivos, urgentes, se muere más gente, y los velorios son más rápidos como una simple cortesía al muerto
El dolor sigue siendo  profundo para los deudos, pero más aislados socialmente. Todo se diluye entre el tipo de atención y el número de arreglos florales.
Sin duda las funerarias se han multiplicado y con ellas los paquetes de atención.
Desde luego hay nuevas prácticas,  los rezos son más aguados, se tiene ligereza en los  protocolos, y el dolor de una sociedad que camina de prisa se va aligerando. Nacer y morir son dos actos que se vuelven un murmullo de abejas. El tiempo recortado pone incertidumbre a las  tradiciones que aun no acaban de tomar su forma final.
Hoy incluso los suicidios tienen otra cara, de ser un acontecimiento casi secreto dado en la opacidad y disimulo total,  pasa a ser  un acontecimiento que da invariablemente nota periodística y se vuelve una estadística y no importa la muerte, ni su causa; sino el número de evento. Algo ha mejorado, la mácula, casi eterna que  se tenía,  afortunadamente ha cambiado, eso sin duda para bien.
Uno de los destinos del cuerpo de un difunto, que más se va imponiendo es la cremación, sin duda que es en beneficio y ahorro de espacio. Que podemos decir frente a ese apremio.
Algunas veces no terminan esas cenizas en una cripta, sino que, también se tiene la opción de volver esas cenizas en una joya o bien en una planta frondosa y alegre que toma nueva vida.

Usted estimado lector ¿la muerte, cómo se le presenta?

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