lunes, 2 de octubre de 2017

Dic 14, 2016
¿Qué es primero la lectura o el libro?

Sin duda que lo primero es el sujeto que ha hecho posible esta máquina de generar sueños e imaginar con infinitas posibilidades de exploración el pasado, el presente, el futuro y la eternidad misma.
Con la lectura el hombre se maravilla y es maravillado. Su recorrido lleva por placeres subversivos, donde las historias personales se destraban de amarres ancestrales y el eterno enamorado se vuelve lánguido o fulgurante meteoro.
La lectura es corrosiva, es meditación es camino; el libro y la lectura son siempre un desafío. Pero también se le teme, insulta, reprime, destruye y, persigue.
¿Qué tienen el libro y la lectura que despierte tanto encono o tanto fulgor? ¿Qué contienen los libros?
Hojas, datos, información, conocimiento, los libros, organizan el conocimiento de forma tal que hace que toda la historia vivida sea trasmitida, de manera ordenada, fácil y rápidamente.
Es un mecanismo que desata letras, frases, palabras, pensamientos completos, textos llenos de aire fresco. También encierran y provoca deseos.
Ahora se le ha dado en llamar cadena de valor del libro a la serie de actividades que se realizan para que tengamos uno en nuestras manos. En la elaboración del libro, todo comienza con una reflexión, la producción del autor, una vez que tiene un texto, se diseña y un poco más da el salto a la imprenta.
Son más los textos pensados, que los libros impresos en la historia de la humanidad y, muchos más, los impresos que los leídos, pues solo se leen los libros significativos; algunos otros, por moda.
A mí me gusta pensar sobre todo en los libros prohibidos los que sin remedio pasan por el hígado de los censores como un líquido ardiente que los hace orinar mercurio.
Quizás otro enemigo con piel de oveja que tienen los lectores sean los editores que incitan a comprar libros, que ellos producen, si esto no ocurre estamos condenados a las llamas eternas. ¡Cuidado!  La cultura no se mide por la cantidad de libros acumulados. Seria prodigioso que los lectores fueran más humildes en la medida que hicieran más lecturas y más reflexiones.
Yo preferiría que en la medida que se leyera el cuerpo humano se fuera pintando de color naranja y amarillo, para poderlos ver por la noche alegres caminando levente entre las nubes.


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