Oct 20, 2017
Un
bosque terapéutico
Para
Marisela Jaime, Bertín Zavaleta y Carlos Somera
En
el bosque hay misterio, hay leyendas de bienaventurados y malvados con
enlazadas serpientes desafiantes que en su tránsito dejan huella. Los árboles
son centinelas que se mueven en la sombra, ninguno es referencia, cambian
dependiendo de la historia que se cuente y de los personajes que les dan
sustancia. Algunos de estos protagonistas son egoístas y hacen breñas y los que
son generosos prenden árboles en la
sierra como quien pone un nacimiento.
Yo
sé de alguien que tiene su cabaña en la frontera del bosque. Hacia adentro, en
lo oscuro del bosque se desprende un olor a infinito; a una mezcla de olores a pájaros vivos y
muertos. Los nidos de tortugas de tierra alojan todo el pasado, las águilas en
las alturas alientan la idea de futuro.
Todos estos animales son necesarios para situarme y andar hacia adentro del
bosque. El crepúsculo o el alba, donde los rayos del sol son débiles, son el
mejor momento para adentrarse en el bosque, así los ojos verán a plenitud.
Algunos
que fueron al bosque platican que
caminaron 800 pasos y se les reventó el zapato y se detuvieron a remendarlo,
pero la verdad tan sólo fue un pretexto para no seguir. Había turbación,
ellos mostraron la prenda inservible y
circularon a la orilla originaria. Los que siguieron cuentan que a su regreso
vieron un camino de azucenas rojas silvestres, que reñían con unos rayos de luz
que enmarcaban la alegría en el solar.
¿Dónde
está el sol? decían y con sus gritos despertaron a las abejas que les
indicaron comida, miel en panales vírgenes desbordantes de trabajo de miles de abejas. Los osos mansos tenían las
manos llenas de miel y su hocico lo lamían con singular mueca. Eso sucedió,
decían con gran alboroto. Muchos no creímos los años que pasamos alejados del
bosque y que eso nos hizo perder la capacidad de asombrarnos por lo rural y
cotidiano. En la medida que nos alejamos de la relación agraria nos volvimos
más insensibles a nosotros mismos.
El
olor del bosque se impregna, tiene oxígeno, en una aspiración llenamos los
pulmones hasta sentirnos incómodos por tanta pureza. Lo cotidiano esconde
misterios, así mismo el bosque los reúne y nos asombra la vegetación tan
peculiar que nace del esfuerzo entre las piedras y la tierra en delirio por
caerse, musgos y lirios silvestres dan fe de estos arrestos.
El
viento erosiona las lascas que salen como obstáculos al horizonte. Ellas
esconden siluetas de misterios fantásticos; hay imágenes que proyecta hasta la
otra loma con aumento lleno de grandiosidad que sorprenden a los resueltos
observadores de los curiosos. Los curiosos se pierden en la inmensidad de las
creencias. ¿Qué ves?
El mundo al revés no en serio, ¿acaso no ves que
ese cerro es un indio que está tomando agua?, no veo. Entonces nos enfrascamos
en discusiones de distancias e intensidad en la mirada, puedes ver infinidad de
veces el mismo punto y encontrarás una lectura distinta del paisaje. Conciliamos
cuando alguien cede diciendo tienes razón esa figura de oso, ¡es un oso! Ufano dice ¡tenía razón! ¿Verdad?
No
puede agotarse el recuerdo de una tarde en el bosque ya que nuestros ojos, los ojos lo miran sin mirarlos y lo
apreciamos al evocarlo. Un claro ejemplo es "la cabaña de los sueños”
donde los árboles circundantes homenajean al esfuerzo de los que fomentan la
amistad y respetan la naturaleza. Marisela y Bertín se sorprenden con la sierra pero sobre todo con el bosque
y congregan árboles, fauna y aves pero sobre todo amigos y amistades; a esa
reunión la llaman afectuosamente visita al bosque.
Esto
sin duda es un ecosistema de protección favorecida. Por ese sueño de
construcción, en esa minúscula parte del bosque se siente la protección de ese
espacio de aire de libertad y de esperanza donde cuelgan un mensaje de
bienvenida misma que dan las ardillas y cotorras serranas que con su agradable
bulla anuncian con puntualidad cualquier cambio en el ambiente además de la
entrada y salida a ese espacio en el bosque.
Ahora
me interesa destacar esa fórmula generosa, ya que la patraña siempre se cuelga
de estas bondades y ahí donde hay un empujón para mejorar y cuidar el bosque
hay otros que fraccionan, talan e incluso incendian los bosques para cambiar el
uso de terreno. Siempre hay lobos, con tamaño hocico, para amedrentar en el
bosque.
Gustosos
recientemente hemos visto que la relación de la lluvia con el bosque es
maravillosa. El evento a veces es inquietante para los citadinos porque las
descargas eléctricas, tan severas asustan, pero es bien sabido que como todo
organismo vivo y juguetón, el bosque y la lluvia se divierten como cuando uno
juega a las guerritas; aquí son truenos y agua que entran al organismo con la
intensa lluvia. No hay cuidado, los
árboles saben bien del juego y alertan sus raíces y sus tallos, toman el agua
hasta llenarse de ese líquido y que despiden lenta y cuidadosamente a través de
pequeños arroyuelos de ojitos de agua cristalina. Un árbol henchido de agua
tiene una belleza distinta, una fragancia excepcional. ¿Lo ha visto usted
señor, señora visitante?
Un
baño de bosque de vez en cuando en las distintas estaciones del año, ayuda a
disminuir la ansiedad, el estrés, la tensión arterial, pero sobre todo aumenta
el vigor.
El
bosque es sosiego, a mí me gusta su sonido, más bien sus sonidos, los rayos del
sol que cantan, las gotas de agua desafían en eco, hay resonancias en las
hierbas, en las piedras, en los pájaros, en los animales y el viento es una
sinfonía completa. Yo descubro el sonido de las flautas en el viento. ¿Será
posible contar todas las experiencias del bosque? ¿Usted qué opina estimado lector?










