
Mar 09, 2018
¿Por qué cambia Saltillo?
Nuestra ciudad se transforma los fines de semana, la mejor muestra de ello es la profusión de vehículos en este período.
Las familias salen a proveerse de víveres a los distintos centros de abasto. Ellos van con holgura en sus carros, todos de buena medianía, nada de lujos. El carro es el patrimonio que rueda. Hay que cuidarlo, por ello sólo salen el fin de semana.
Salen de cocheras o de espacios donde se resguardan con celo, cerca de los ojos custodios. Los límites de las aceras son territorios fortificados, ni un milímetro más deben ocupar de lo que corresponde, cualquier extralimitación provoca pleito, o cuando menos miradas cargadas de enojo y molestia. ¡Ya te dije que no te pases!
Así el día comienza cuidando con aclaraciones el espacio, pero más que ello el vehículo que tiene su espacio separado.
¿Cómo convive con su vecino?
No importa, sólo debemos cooperar en el espacio que necesita el vehículo, para estacionarse. Casi crimen es estacionarse en la cochera del vecino. Haga el intento, vendrán andanadas de reclamos.
Decíamos que el tráfico en las avenidas o calles se altera de tal manera que en ocasiones torna difícil el tránsito. Salir o entrar a las avenidas hay que hacerlo con cuidado, se irrita el conductor, y toda la prole que con él viajan, que al unísono mandan recordatorios a la madre del pobre que espera o se adelanta.
La familia va con apariencia seguridad insospechada, se asoman niños por ventanas de adelante y atrás la prosperidad arropa el interior del carro.
Ellos, los del carro, caminan con algún desperfecto, sin luces de advertencia viran sin decir ¡agua va! Todos están alerta, uff, afortunadamente nada sucedió si no el seguro del carro tiene que jugar un papel de amparo. Una gran cantidad no tiene seguro que cuide los daños a terceros, es evidente que el del volante juega con su seguridad y con la de los demás, entonces la prosperidad presenta otra faceta, cuando ocurre un golpe, enojos, arreglos no muy claros, desafíos de influencias e invocaciones a santos y vírgenes.
En los centros de abasto el estacionamiento no alcanza a recibir todos estos "muebles”, se estacionan donde se les da la gana, alguien de los que van en el nutrido carro se queda de custodio, cualquier acercamiento es motivo de reto o de pronto se ponen en actitud de alerta prepotente.
El linaje que destila en el carro patrimonio de todos, viene sin duda de una seguridad que tiene al tener un trabajo y sueldo seguro. ¡Pueden pagar eso y más!
La ciudad de Saltillo se descubre como una ciudad-hotel donde muchos sólo vienen a dormir, para ello no necesitan el vehículo, hay trasporte de la empresa que pasa de madrugada o de noche a recogerlos. Se van temprano o vuelven tarde, cansados con la faena consumida por cuerpos que se desgastan y envejecen por ese rutinario acontecer.
Lo cierto es que en el ambiente los fines de semana hay una coordinación, que más parece coreografía ensayada, con los claxon y silbidos fifí, fifí, fifí…
Las familias viven los fines de semana para salir y lucir con orgullo el símbolo motorizado de un "status” duramente ganado. ¿Usted qué opina, estimado lector?
