lunes, 2 de octubre de 2017

Jul 12, 2017
¿A qué te vas a dedicar en la vida?

Esta pregunta se viene entrenando hasta que irrumpe en la propia existencia con ensayos como: ¿qué vas hacer cuando seas grande? Entonces se reflejan los modelos sociales de profesionistas exitosos y las respuestas son, quiero ser médico, quiero ser abogado, otros más apuntan a ser ingeniero o bien arquitecto maestras, enfermeras, secretarias.
Ahora con la gran  difusión de la información, me he encontrado que  a  las respuestas antes mencionadas, se agregan la de  los que quieren  ser paleontólogos, antropólogos, biólogos marinos o  matemáticos.
Lejos estamos ya de las rondas en que los niños querían ser bomberos, policías o bien formar parte de la federal de caminos.
Los buenos padres respondían al hijo con una especie de imploración, lo que sea es bueno hijo, solamente hazlo bien.  La realización del hijo era un propósito de la formación del éste,  lleno  de buenas intenciones  y con hálito esperanzador; luego el tiempo provocaba giros en las decisiones, que hacían olvidar esas inquietudes infantiles y de juventud temprana.
La pregunta  ¿a qué te vas a dedicar? hacia estragos  en los jóvenes y en los padres, el entorno se volvía más duro y esa misma pregunta juguetona en  otro tiempo, molestaba y creaba entornos difíciles  de solventar. Ya el comentario de las respuestas o silencios no causaban regocijo, sino cierta preocupación.
Encaminar paso a paso al trabajo de los sueños es una tarea que debe ser constante. Al respecto yo siempre me preguntaba primero: ¿cuándo seria grande? Está claro que si el trabajo fuera lo que siempre soñamos, nuestras posibilidades de éxito serían mayores.
¿Cómo convencer a las personas para que hagan los que les apasiona?
Decirlo es fácil, pero que lo hagan es lo más difícil, porque para muchos el engrudo se nos hace bolas.
Pensar que solo con envejecer las cosas se van a componer, o que el tiempo da sabiduría, es vivir en el error.  Para muchos se presenta un pánico existencial difícil de solventar.
La formación de los jóvenes en la actualidad creo que tiene una alta exigencia para llegar a ser competentes y exitosos. Si no las dos cualidades, una al menos.
¿Andamos bien o andamos mal con esta formación? En muchas ocasiones este tipo de educación tan rampantemente abusiva genera en el individuo ansiedades y depresiones difíciles de explicar.
Se es exitoso en aspectos económicos, pero existencialmente algo falta que frecuentemente no se es feliz.
Rollo May  en su libro “El dilema existencial del hombre moderno”, de editorial Paidós, cuenta una fantasía donde San Pedro recibe en el cielo a un psicólogo acusándolo de simplificar demasiado al hombre, encasillándolo en teorías y prejuicios.  Dice que el hombre es algo más que estímulos y respuestas, o descarga de tensiones.
El dilema del hombre es el que se origina en la capacidad de éste para sentirse sujeto y objeto al mismo tiempo. Ambos son necesarios para una vida gratificante y para la psicoterapia. No se puede ser solamente objeto a merced de impulsos, ni solamente sujeto, sin conexión con la realidad y entregado a puras fantasías.
La conciencia oscila entre ser sujeto y ser objeto. Mi libertad radica en experimentar ambos polos, no en ser puro sujeto.
Aunque nadie tiene el modelo ideal de hombre, un viraje hacia el humanismo debería tener sus efectos saludables. En este escenario, deberíamos responder a  preguntas como: ¿quién soy yo?, ¿para qué existo?
¿Quién soy yo? En su libro: “Ganarás la luz”  del autor español León Felipe:
“He aquí una buena pregunta para hacérsela el hombre por la tarde, cuando ya está cansado y se sienta a esperar en el umbral de la noche.
Si se abriese ahora, de improviso, la puerta y alguien se adelantase a preguntarme quién soy yo, no sabría decir cómo me llamo.
En la mañana nos bautizan, al mediodía el sol ha borrado nuestro nombre y en la tarde quisiéramos bautizamos nosotros.

Salimos de aventura en la madrugada por el mundo, con un nombre que nos prenden en la solapa, como una concha en la esclavina y creemos que por este nombre van a llamarnos los Pájaros. ¡No nos llama nadie! Y cuando ya estamos rendidos de caminar y el día va a quebrarse, gritamos enloquecidos y angustiados, para no perdernos en la sombra: ¿Quién soy yo? 

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