Jul 12, 2017
¿A qué te vas a dedicar en la vida?
Esta
pregunta se viene entrenando hasta que irrumpe en la propia existencia con
ensayos como: ¿qué vas hacer cuando seas grande? Entonces se reflejan los
modelos sociales de profesionistas exitosos y las respuestas son, quiero ser
médico, quiero ser abogado, otros más apuntan a ser ingeniero o bien arquitecto
maestras, enfermeras, secretarias.
Ahora
con la gran difusión de la información,
me he encontrado que a las respuestas antes mencionadas, se agregan
la de los que quieren ser paleontólogos, antropólogos, biólogos
marinos o matemáticos.
Lejos
estamos ya de las rondas en que los niños querían ser bomberos, policías o bien
formar parte de la federal de caminos.
Los
buenos padres respondían al hijo con una especie de imploración, lo que sea es
bueno hijo, solamente hazlo bien. La
realización del hijo era un propósito de la formación del éste, lleno
de buenas intenciones y con
hálito esperanzador; luego el tiempo provocaba giros en las decisiones, que
hacían olvidar esas inquietudes infantiles y de juventud temprana.
La
pregunta ¿a qué te vas a dedicar? hacia
estragos en los jóvenes y en los padres,
el entorno se volvía más duro y esa misma pregunta juguetona en otro tiempo, molestaba y creaba entornos
difíciles de solventar. Ya el comentario
de las respuestas o silencios no causaban regocijo, sino cierta preocupación.
Encaminar
paso a paso al trabajo de los sueños es una tarea que debe ser constante. Al
respecto yo siempre me preguntaba primero: ¿cuándo seria grande? Está claro que
si el trabajo fuera lo que siempre soñamos, nuestras posibilidades de éxito
serían mayores.
¿Cómo
convencer a las personas para que hagan los que les apasiona?
Decirlo
es fácil, pero que lo hagan es lo más difícil, porque para muchos el engrudo se
nos hace bolas.
Pensar
que solo con envejecer las cosas se van a componer, o que el tiempo da
sabiduría, es vivir en el error. Para
muchos se presenta un pánico existencial difícil de solventar.
La
formación de los jóvenes en la actualidad creo que tiene una alta exigencia
para llegar a ser competentes y exitosos. Si no las dos cualidades, una al
menos.
¿Andamos
bien o andamos mal con esta formación? En muchas ocasiones este tipo de
educación tan rampantemente abusiva genera en el individuo ansiedades y
depresiones difíciles de explicar.
Se
es exitoso en aspectos económicos, pero existencialmente algo falta que
frecuentemente no se es feliz.
Rollo
May en su libro “El dilema existencial
del hombre moderno”, de editorial Paidós, cuenta una fantasía donde San Pedro
recibe en el cielo a un psicólogo acusándolo de simplificar demasiado al
hombre, encasillándolo en teorías y prejuicios.
Dice que el hombre es algo más que estímulos y respuestas, o descarga de
tensiones.
El
dilema del hombre es el que se origina en la capacidad de éste para sentirse
sujeto y objeto al mismo tiempo. Ambos son necesarios para una vida
gratificante y para la psicoterapia. No se puede ser solamente objeto a merced
de impulsos, ni solamente sujeto, sin conexión con la realidad y entregado a puras
fantasías.
La
conciencia oscila entre ser sujeto y ser objeto. Mi libertad radica en
experimentar ambos polos, no en ser puro sujeto.
Aunque
nadie tiene el modelo ideal de hombre, un viraje hacia el humanismo debería
tener sus efectos saludables. En este escenario, deberíamos responder a preguntas como: ¿quién soy yo?, ¿para qué
existo?
¿Quién
soy yo? En su libro: “Ganarás la luz”
del autor español León Felipe:
“He
aquí una buena pregunta para hacérsela el hombre por la tarde, cuando ya está
cansado y se sienta a esperar en el umbral de la noche.
Si
se abriese ahora, de improviso, la puerta y alguien se adelantase a preguntarme
quién soy yo, no sabría decir cómo me llamo.
En
la mañana nos bautizan, al mediodía el sol ha borrado nuestro nombre y en la
tarde quisiéramos bautizamos nosotros.
Salimos
de aventura en la madrugada por el mundo, con un nombre que nos prenden en la
solapa, como una concha en la esclavina y creemos que por este nombre van a
llamarnos los Pájaros. ¡No nos llama nadie! Y cuando ya estamos rendidos de
caminar y el día va a quebrarse, gritamos enloquecidos y angustiados, para no
perdernos en la sombra: ¿Quién soy yo?

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