lunes, 2 de octubre de 2017


Muere Fidel Castro Ruz (1926- 2016)

A los 90 años, Fidel abre la puerta de la mitología y se posiciona del sitio que la leyenda le tiene deparado. Fidel antes de su muerte tenía otra dimensión, quizás de inmortalidad. Se había constituido en un referente de la dignidad y justicia en Cuba, Latinoamérica y el mundo.
Su trayectoria como estadista tiene mucho de tránsito entre aguas y condiciones adversas. Era un loco, decía Salvador Allende cuando le cuestionaron allá por el año 1952 sobre su impresión de los dirigentes jóvenes cubanos. Un año después, Fidel y su grupo de partidarios ataco el cuartel de Moncada (26 de julio), sin duda una locura. Solo fue a zarandar el avispero, obvio cayeron presos.
Así que los días 13 y 26 han sido para Fidel números significativos.
El fidelismo en la isla de cuba es una simiente de orgullo y valor ético y revolucionario del más alto nivel.
¿Qué tanto alcanza esta condición de dignidad para explicar las condiciones del pueblo cubano actual?
Es cierto que Fidel es el más longevo revolucionario, 64 años de lucha directa en fases distintas, beligerante siempre, con tres armas que fortalecen el espíritu: el corazón bien puesto, un ideal sin vacilaciones y una firme estrategia capaz de descifrar lo más complicado.
Por ello tenía, como bien refería Silvio, disparos de futuro. El único deber del historiador es narrar con verdad los hechos, por ello, quizás apenas comenzaremos a enterarnos de más cosas del Fidel íntimo, como dice Ranke “hay que mostrar lo sucedido tal como ocurrió” sus filias y fobias, sus sentimientos y resentimientos marcan las simpatías y hasta el patriotismo por Fidel.
Solo podemos hablar de un personaje como Fidel sin limitaciones amorfas o sin apticos desplantes, que por regla general no sirven para cosa alguna, entiendo que solamente puedo hablar de historia, y como  la sentimos.
Por tanto, aún se está cocinando la caldosa que comeremos  en honor de Fidel. Sin embargo, son irreprimibles la proclividad política, la pasión por la gloria y el estruendo sensacionalista que la muerte de Fidel provoca.
Guardemos clama, un poco de ascética vale la pena, quizás se vea mal, pero sin duda será mucho mejor que mostrar la mala fe (mucha por ignorancia), de los conductores de la televisión nacional que querían muestras de insubordinación social en el territorio cubano ante el deceso del líder   epónimo. La respuesta la tuvieron con el silencio y la consternación del pueblo cubano.


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