Muere Fidel Castro Ruz (1926- 2016)
A
los 90 años, Fidel abre la puerta de la mitología y se posiciona del sitio que
la leyenda le tiene deparado. Fidel antes de su muerte tenía otra dimensión,
quizás de inmortalidad. Se había constituido en un referente de la dignidad y
justicia en Cuba, Latinoamérica y el mundo.
Su
trayectoria como estadista tiene mucho de tránsito entre aguas y condiciones adversas.
Era un loco, decía Salvador Allende cuando le cuestionaron allá por el año 1952
sobre su impresión de los dirigentes jóvenes cubanos. Un año después, Fidel y
su grupo de partidarios ataco el cuartel de Moncada (26 de julio), sin duda una
locura. Solo fue a zarandar el avispero, obvio cayeron presos.
Así
que los días 13 y 26 han sido para Fidel números significativos.
El
fidelismo en la isla de cuba es una simiente de orgullo y valor ético y revolucionario
del más alto nivel.
¿Qué
tanto alcanza esta condición de dignidad para explicar las condiciones del
pueblo cubano actual?
Es
cierto que Fidel es el más longevo revolucionario, 64 años de lucha directa en
fases distintas, beligerante siempre, con tres armas que fortalecen el
espíritu: el corazón bien puesto, un ideal sin vacilaciones y una firme
estrategia capaz de descifrar lo más complicado.
Por
ello tenía, como bien refería Silvio, disparos de futuro. El único deber del
historiador es narrar con verdad los hechos, por ello, quizás apenas comenzaremos
a enterarnos de más cosas del Fidel íntimo, como dice Ranke “hay que mostrar lo
sucedido tal como ocurrió” sus filias y fobias, sus sentimientos y
resentimientos marcan las simpatías y hasta el patriotismo por Fidel.
Solo
podemos hablar de un personaje como Fidel sin limitaciones amorfas o sin
apticos desplantes, que por regla general no sirven para cosa alguna, entiendo
que solamente puedo hablar de historia, y como
la sentimos.
Por
tanto, aún se está cocinando la caldosa que comeremos en honor de Fidel. Sin embargo, son
irreprimibles la proclividad política, la pasión por la gloria y el estruendo
sensacionalista que la muerte de Fidel provoca.
Guardemos
clama, un poco de ascética vale la pena, quizás se vea mal, pero sin duda será
mucho mejor que mostrar la mala fe (mucha por ignorancia), de los conductores
de la televisión nacional que querían muestras de insubordinación social en el
territorio cubano ante el deceso del líder
epónimo. La respuesta la tuvieron con el silencio y la consternación del
pueblo cubano.

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