Ago 04, 2017
¿Fueron necesarias las bombas
nucleares?
Una
de las manifestaciones más cruentas y desproporcionadas que ha realizado
Estados Unidos es sin duda el bombardeo nuclear que autorizó para Japón en las ciudades de
Hiroshima (6 de agosto) y Nagasaki (9 de agosto) en el año de 1945.
Cientos
de miles de japoneses, principalmente, murieron al recibir el estallido de un
arma nueva que no tenía precedentes. Las inteligencias más altas se pusieron al
servicio de una carrera armamentista y destructiva que dio horror y miedo.
La
guerra es así cruel, no hay guerra justa y mucho menos que las capitulaciones
sean honorables; parece que el hombre se ha preparado siempre para ello. Qué
paradoja, las dos acciones más reconocidas en el hombre son la supervivencia y
la destrucción, producto ambas de la guerra. El
miedo en ambas circunstancias es profundo, lleno de cuidados aunque en
las conflagraciones se lamenta la desaparición de muchas personas inocentes.
Este fue el caso del lanzamiento de las bombas nucleares. El holocausto generó que el emperador japonés, el 15 de
agosto de 1945, se rindiera ante la coalición de naciones formada por Estados
Unidos, Inglaterra y Canadá.
Para
mi gusto, este ataque nuclear era innecesario, pero la venganza
norteamericanaestaba presente, tenían una afrenta tan cercana realizada en
Pearl Harbor por los japoneses que aún vomitaba bilis llena de martirio y
venganza.
En
el ataque de Pearl Harbor se estima que hubo 3 mil muertos , frente a los 220
mil caídos al detonar las bombas. En ambos casos un ataque sigiloso y preciso
de los militares fue consumado con el estrépito de la sorpresa. Pearl
Harbor fue la excusa para atacar a
Hiroshima y Nagasaki, la consecuencia de
lo absurdo.
Al
inicio de la guerra en 1941 los japoneses fueron caracterizados por los
políticos norteamericanos como amenazadores y malos. Hubo actos de sin razón
que llevó a japoneses, que vivían en Norteamérica, a 10 campos de concentración
en el propio suelo norteamericano --California, Texas, Wyoming, Utah-- y en
específico Topaz fue un claro ejemplo de
esta alevosía.
¿De
dónde surgió el proyecto nuclear norteamericano?
Es
el inicio de la Segunda Guerra Mundial
donde se generó una competencia armamentista fuerte entre las naciones
poderosas. Alemania encabezaba los proyectos más importantes.
En esta época los científicos nucleares Leo Szilárd, Edward Teller y
Eugene Wigner, refugiados judíos provenientes de Hungría, creían que la energía
liberada por la fisión de núcleos atómicos podía ser utilizada para la
producción de bombas por los alemanes.
Estos
científicos desde 1939 convencieron a Albert Einstein para que escribiera al presidente norteamericano
Rossevelt y le advirtiera del trabajo
nuclear.
Con
una simple carta se inició el Proyecto Manhattan, nombre en clave del proyecto
nuclear de Estados Unidos que emplearía a 130 mil personas. Alemania no pudo
estar a la cabeza del desarrollo armamentista.
Por
estrategia de seguridad nacional y de posible espionaje, el proyecto se realizó
en partes, en universidades y centros de investigación norteamericanos. El
Proyecto Manhattan generó cuatro diseños para bombas que nombraron: Fat Man,
Little Boy, The Gadget y Thin Man. Los trabajos y desarrollo de estas bombas
tuvieron siempre un sinfín de problemas.
En
agosto de 1945 los dos primeas modelos fueron utilizados.
Bob
Caron, artillero de cola del avión bombardero Enola Gay, describió así la
escena:
"Una
columna de humo asciende rápidamente. Su centro muestra un terrible color rojo.
Todo es pura turbulencia. Es una masa burbujeante gris violácea, con un núcleo
rojo. Todo es pura turbulencia. Los incendios se extienden por todas partes
como llamas que surgiesen de un enorme lecho de brasas. Comienzo a contar los
incendios. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... catorce, quince... es
imposible. Son demasiados para poder contarlos. Aquí llega la forma de hongo de
la que nos habló el capitán Parsons. Viene hacia aquí. Es como una masa de
melaza burbujeante. El hongo se extiende. Puede que tenga mil quinientos o
quizá tres mil metros de anchura y unos ochocientos de altura. Crece más y más.
Está casi a nuestro nivel y sigue ascendiendo. Es muy negro, pero muestra
cierto tinte violáceo muy extraño. La base del hongo se parece a una densa
niebla atravesada con un lanzallamas. La ciudad debe estar abajo de todo eso.
Las llamas y el humo se están hinchando y se arremolinan alrededor de las
estribaciones. Las colinas están desapareciendo bajo el humo. Todo cuanto veo
ahora de la ciudad es el muelle principal y lo que parece ser un campo de
aviación”.
"Tanta
ciencia para tanta destrucción”, un resumen bastante bárbaro de la propia
humanidad. Era tan grande la soberbia ¡que se llegaron a sentir Dios mismo!

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