lunes, 2 de octubre de 2017

Ago 04, 2017
¿Fueron necesarias las bombas nucleares?

Una de las manifestaciones más cruentas y desproporcionadas que ha realizado Estados Unidos es sin duda el bombardeo nuclear que  autorizó para Japón en las ciudades de Hiroshima (6 de agosto) y Nagasaki (9 de agosto) en el año de 1945.

Cientos de miles de japoneses, principalmente, murieron al recibir el estallido de un arma nueva que no tenía precedentes. Las inteligencias más altas se pusieron al servicio de una carrera armamentista y destructiva que dio horror y  miedo.
La guerra es así cruel, no hay guerra justa y mucho menos que las capitulaciones sean honorables; parece que el hombre se ha preparado siempre para ello. Qué paradoja, las dos acciones más reconocidas en el hombre son la supervivencia y la destrucción, producto ambas de la guerra. El  miedo en ambas circunstancias es profundo, lleno de cuidados aunque en las conflagraciones se lamenta la desaparición de muchas personas inocentes. Este fue el caso del lanzamiento de las bombas nucleares. El holocausto  generó que el emperador japonés, el 15 de agosto de 1945, se rindiera ante la coalición de naciones formada por Estados Unidos, Inglaterra y Canadá.
Para mi gusto, este ataque nuclear era innecesario, pero la venganza norteamericanaestaba presente, tenían una afrenta tan cercana realizada en Pearl Harbor por los japoneses que aún vomitaba bilis llena de martirio y venganza.
En el ataque de Pearl Harbor se estima que hubo 3 mil muertos , frente a los 220 mil caídos al detonar las bombas. En ambos casos un ataque sigiloso y preciso de los militares fue consumado con el estrépito de la sorpresa. Pearl Harbor  fue la excusa para atacar a Hiroshima y Nagasaki,  la consecuencia de lo absurdo.
Al inicio de la guerra en 1941 los japoneses fueron caracterizados por los políticos norteamericanos como amenazadores y malos. Hubo actos de sin razón que llevó a japoneses, que vivían en Norteamérica, a 10 campos de concentración en el propio suelo norteamericano --California, Texas, Wyoming, Utah-- y en específico Topaz  fue un claro ejemplo de esta alevosía.
¿De dónde surgió el proyecto nuclear norteamericano?
Es el  inicio de la Segunda Guerra Mundial donde se generó una competencia armamentista fuerte entre las naciones poderosas. Alemania encabezaba los proyectos más  importantes.  En esta época los científicos nucleares Leo Szilárd, Edward Teller y Eugene Wigner, refugiados judíos provenientes de Hungría, creían que la energía liberada por la fisión de núcleos atómicos podía ser utilizada para la producción de bombas por los alemanes.
Estos científicos desde 1939 convencieron a Albert Einstein para  que escribiera al presidente norteamericano Rossevelt y le  advirtiera del trabajo nuclear.
Con una simple carta se inició el Proyecto Manhattan, nombre en clave del proyecto nuclear de Estados Unidos que emplearía a 130 mil personas. Alemania no pudo estar a la cabeza del desarrollo armamentista.
Por estrategia de seguridad nacional y de posible espionaje, el proyecto se realizó en partes, en universidades y centros de investigación norteamericanos. El Proyecto Manhattan generó cuatro diseños para bombas que nombraron: Fat Man, Little Boy, The Gadget y Thin Man. Los trabajos y desarrollo de estas bombas tuvieron siempre un sinfín de problemas.
En agosto de 1945 los dos primeas modelos fueron utilizados. 
Bob Caron, artillero de cola del avión bombardero Enola Gay, describió así la escena:
"Una columna de humo asciende rápidamente. Su centro muestra un terrible color rojo. Todo es pura turbulencia. Es una masa burbujeante gris violácea, con un núcleo rojo. Todo es pura turbulencia. Los incendios se extienden por todas partes como llamas que surgiesen de un enorme lecho de brasas. Comienzo a contar los incendios. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis... catorce, quince... es imposible. Son demasiados para poder contarlos. Aquí llega la forma de hongo de la que nos habló el capitán Parsons. Viene hacia aquí. Es como una masa de melaza burbujeante. El hongo se extiende. Puede que tenga mil quinientos o quizá tres mil metros de anchura y unos ochocientos de altura. Crece más y más. Está casi a nuestro nivel y sigue ascendiendo. Es muy negro, pero muestra cierto tinte violáceo muy extraño. La base del hongo se parece a una densa niebla atravesada con un lanzallamas. La ciudad debe estar abajo de todo eso. Las llamas y el humo se están hinchando y se arremolinan alrededor de las estribaciones. Las colinas están desapareciendo bajo el humo. Todo cuanto veo ahora de la ciudad es el muelle principal y lo que parece ser un campo de aviación”.

"Tanta ciencia para tanta destrucción”, un resumen bastante bárbaro de la propia humanidad. Era tan grande la soberbia ¡que se llegaron a sentir Dios mismo! 

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