May 11, 2017
¿Usted
cree que tenemos una xenofobia en Coahuila en la percepción de la migración?
Ese
tránsito de personas que buscan remediar su condición de vida, sin duda tiene
una infinidad de rostros y anécdotas. Por desgracia, muchas de ellas
inconfesables, tanto por su gravedad como su perversión misma. Ser migrante es
huir de su espacio y condición natura por alguna razón.
Todos
los migrantes dejan una serie de rostros angustiados solo eso en ocasiones, pero en todas las
demás existen historias de abandono, separación de familias, y peligro de la vida que eriza la piel más
ruda.
Sobrevivir
es tan solo una primera escala de la que hay que estar seguro, las otras se van
acomodando paso a paso; escarnio con débiles ejemplos de alegría.
El
peregrinar de un migrante comienza desde mucho tiempo antes que se atreva a dar
el primer paso, sus noches se vuelven lánguidas, perpetuas con un sabor amargo
de bilis que no da sosiego, ni conversación sensata y clara en explicaciones.
Por
ello la xenofobia, ese miedo al forastero, está presente en cada uno de los
pasos del que sale en busca de una mejor condición de vida. Este prejuicio
arraigado en el individuo y en la sociedad es como un escozor que entra en el
cuerpo sin razón aparente, le han dado infinidad de explicaciones ninguna de
ellas convincentes, se manifiesta en formas de leve indiferencia, falta de
empatía hacia el extranjero, llegando hasta la agresión física y el asesinato.
Hay
peligros reales en todo esto sin duda, la delincuencia, que aprovecha todos
esos resquicios para instaurarse traficando con las propias personas o con la
droga que se incorpora en el peregrinar. El extranjero es convertido en un
elemento amenazante, hacen sentir miedo ya que ellos tienen la expresión
valiente, la determinación individual de
superar la adversidad, sobrevivir y buscar una vida mejor. Los migrantes son
particularmente vulnerables a violaciones de derechos humanos, nosotros nos
pasamos de frente, nunca traemos monedas para aligerar el camino.
Eso
también lastima.
Respetemos
el: “artículo 13º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, según el
cual un ciudadano de un estado tiene la libertad de viajar y residir en
cualquier parte del estado en el que a uno le plazca dentro de los límites de
respeto a la libertad y los derechos de los demás, y a dejar ese estado y
volver en cualquier momento”.
Hagamos
para el migrante una señalización en la ciudad nuestra, que les indique donde hay auxilio;
ciertamente poco conocemos de sus demandas,
guiémoslos hasta ese oasis de sobrevivencia.
¿Ahora
que ellos pasan por nuestra ciudad seguimos sintiendo miedo?

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