lunes, 2 de octubre de 2017

May 11, 2017

¿Usted cree que tenemos una xenofobia en Coahuila en la percepción de la migración?
Ese tránsito de personas que buscan remediar su condición de vida, sin duda tiene una infinidad de rostros y anécdotas. Por desgracia, muchas de ellas inconfesables, tanto por su gravedad como su perversión misma. Ser migrante es huir de su espacio y condición natura por alguna razón.
Todos los migrantes dejan una serie de rostros angustiados  solo eso en ocasiones, pero en todas las demás existen historias de abandono, separación de familias,  y peligro de la vida que eriza la piel más ruda.
Sobrevivir es tan solo una primera escala de la que hay que estar seguro, las otras se van acomodando paso a paso; escarnio con débiles ejemplos de alegría.
El peregrinar de un migrante comienza desde mucho tiempo antes que se atreva a dar el primer paso, sus noches se vuelven lánguidas, perpetuas con un sabor amargo de bilis que no da sosiego, ni conversación sensata y clara en explicaciones.
Por ello la xenofobia, ese miedo al forastero, está presente en cada uno de los pasos del que sale en busca de una mejor condición de vida. Este prejuicio arraigado en el individuo y en la sociedad es como un escozor que entra en el cuerpo sin razón aparente, le han dado infinidad de explicaciones ninguna de ellas convincentes, se manifiesta en formas de leve indiferencia, falta de empatía hacia el extranjero, llegando hasta la agresión física y el asesinato.
Hay peligros reales en todo esto sin duda, la delincuencia, que aprovecha todos esos resquicios para instaurarse traficando con las propias personas o con la droga que se incorpora en el peregrinar. El extranjero es convertido en un elemento amenazante, hacen sentir miedo ya que ellos tienen la expresión valiente,  la determinación individual de superar la adversidad, sobrevivir y buscar una vida mejor. Los migrantes son particularmente vulnerables a violaciones de derechos humanos, nosotros nos pasamos de frente, nunca traemos monedas para aligerar el camino.

Eso también lastima.
Respetemos el: “artículo 13º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, según el cual un ciudadano de un estado tiene la libertad de viajar y residir en cualquier parte del estado en el que a uno le plazca dentro de los límites de respeto a la libertad y los derechos de los demás, y a dejar ese estado y volver en cualquier momento”.
Hagamos para el migrante una señalización en la ciudad nuestra,  que les indique donde hay auxilio; ciertamente  poco conocemos de sus demandas, guiémoslos hasta ese oasis de sobrevivencia.
¿Ahora que ellos pasan por nuestra ciudad seguimos sintiendo miedo?


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