lunes, 2 de octubre de 2017

May 24, 2017

Después de muchos años, por fin, logré visitar la Habana, Cuba. Corría el 1 de mayo1994 y se sentía un clima de 33 grados, con una humedad ambiente del 87 por ciento que ahogaba. Ese calor nada tenía de amigable y había  que acostumbrarse a él, pues recién iniciaban los días de estancia.
El conductor del vehículo me hizo preguntas mientras que  nos trasladábamos  al hotel, ¿ya había estado en la isla?  No, lacónico, fue mi respuesta.  La siguiente fue ¿qué le parece la isla? Aun no puedo opinar, voy llegando le contesté.  Seguía comentando –  sin detenerse – “Esta mañana salí pronto del desfile, pasé lista rápido en el colectivo y ya me tienes en el trabajo, este trabajo me gusta, me da vida”
En este año aún está Fidel, 58 años a cuestas, los discursos duran buen tiempo, el asombrado chofer dijo “ahora su discurso fue de tres horas” ¿cómo ve? ¡Largo! añadí  preguntando ¿cómo hacen para aguantar tan largos discursos y con este calor? a lo que respondió  con cierta picardía, ¡tú, sabes chico!
Entramos a la Plaza de la Revolución, en ese momento le escuché decir: fuimos ¡un millón o más de cubanos! ¿Cómo?, exclamé, tanta gente y no hay basura. Él sonrió, y levantó una botella de refresco con agua, una botella  que daba la sensación de haber sido utilizada desde hacía mucho tiempo, y  resguardada como tesoro del pirata.
En todo el recorrido que hice en esa ocasión a la isla caribeña me sorprendió la poca cantidad de basura, aunque me expliqué este fenómeno porque eran años  difíciles en Cuba.
Recién Rusia había dejado el apoyo para la isla. Le llamaron “periodo especial en tiempos de paz” para asombro de muchos, entre ellos yo.
Me fui dando cuenta que en Cuba la gente recicla hasta el  infinito. Te pedían las bolsas de plástico, las botellas desechadas de su líquido y los encendedores; en los mercados no había mal olor de desechos, no había desechos.
Aquí nuestro mercado de la ciudad, como en el caso de Saltillo, su mercado Juárez se anuncia en detalle con su olor y sus desechos. Uno se pone en guardia.
¿Harán  los oferentes un manejo con salubridad las  carnes y verduras en ese sitio? Las moscas, roedores y grasas embarradas incitan a reaccionar con cierto resquemor. Por ello cualquier atraso en su recolección es una alerta de mala administración en los locatarios y las autoridades.

¿Qué es la basura?
“La basura está compuesta por todos aquellos desechos que resultan de los productos y materiales que usamos en nuestras actividades cotidianas, en tanto, cuando ya no prestan esa utilidad se los descarta arrojándolos en un contenedor especialmente destinado a tal efecto”.
Cabría recordar que, cuando nacimos como especie, éramos tan frugales y poco desperdiciados.  Nos complicamos cuando nos volvimos sedentarios y muchos arrecholados en ciudades.

¿Para qué sirve la basura hoy en día?
Una gran sorpresa me llevé al saber que los antropólogos en la actualidad,  con gran ahínco, buscan en los núcleos de basura, desperdicios, restos  que los hombres y mujeres han hecho en el tiempo. Ellos se han convertido en restos informativos, en testimonios que prueban presencia humana.

En el caso de Saltillo, el siglo XIX, fue socorrido con el alojo de los desperdicios en vertederos, fundamentalmente, las pozos y norias que comenzaban a perder su utilidad como abastecedoras de agua para el consumo de las casa. Se iban quedando sin agua. Y se convertían en repositorios de estos desechos.
La Universidad Autónoma de Coahuila construyó  su Centro Cultural Universitario en el antiguo Banco Purcell. Se quería con el patrimonio universitario, formar una colección de objetos que dieran noción de la vida que los habitantes de esa casona tan característica en el centro de la ciudad de Saltillo tuvieron.
Dentro de los asesores del proyecto estuvo el arquitecto  Arturo Villarreal y el antropólogo Arturo González; este último saltó de gusto cuando se descubrió un pozo sellado y rellenado con la basura que se había producido en esa casa en algún tiempo. ¡Oh sorpresa! tenía razón, en ese alojamiento de basura del siglo antepasado estaba un gran tesoro, ampolletas, restos de vasijas, vasos, botellas, botones, listones, todo eso conformó una buena colección, y sí, todo con la basura de esa época.
Ahora la basura en nuestras ciudades es un problema, pues por mucho tiempo solo se mandó lejos, a las afueras del pueblo  y la distancia necesaria fundamental para que no se recibirá el mal olor que generaba.
“El  primer vertedero urbano se lo debemos a los griegos, quienes en el año 400 A.C. lo establecieron en Atenas. Un edicto obligaba a los atenienses a  tirar la basura a por lo menos de un kilómetro y medio de distancia de las murallas de la  población”
“La Roma imperial, con sus apretadas insulae (edificios de apartamentos) desde cuyas ventanas los romanos acostumbraban a tirar todo a la calle, tuvo que crear las primeras cuadrillas de basureros, quienes en grupos de dos recorrían las calles de la Capital Eterna con una carreta recogiendo desperdicios para luego llevarlos a los vertederos, siempre en las afueras de la ciudad”.
Un dato curioso: “También en Roma, durante algún tiempo, intentaron resolver el problema soltando cerdos por las calles cuales aspiradoras cuadrúpedas”
Ahora la basura es implacable o los humanos nos convertimos en generadores de basura de deshechos en proporciones desmesuradas, para darnos cuenta de lo que estamos produciendo, preguntémonos:

¿Cuánta basura genera un latinoamericano en un día?
“Un latinoamericano genera 0,63 kilos de residuos domiciliarios por día, una persona que viviera 75 años generaría a lo largo de su vida 17,2 toneladas de basura. Y una familia tipo de cuatro miembros casi 70 toneladas, lo que equivale a un volumen aproximado de un millón de latas de aluminio.
Hace tiempo una afirmación publicitaria ingeniosa generaba inquietud ya que  decía: “una ciudad limpia no es la que más se barre sino la que menos se ensucia”
Me refiero a ella pues creo que la cultura de la basura, su manejo y utilización son francamente débiles y atrasados.  Seguimos considerando la labor de recolección como un trabajo de quinta categoría pero también formamos imperios y fortalezas de algunos con su monopolización.
En México y en Saltillo en especial el manejo de la basura es  arcaico, vulnerable, corrupto  tan llenos de cómplices.
¿Qué haremos con la basura?



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