Sep 01, 2017
Fiestas patrias en México
En
el mes de septiembre comienzan a todo lo largo y ancho de nuestro país las
celebraciones anuales de la Independencia del dominio español. Tanto el inicio
como la consumación están conmemorándose en el mes que recién comienza.
Frente
a la apoteótica celebración de la apertura de la lucha armada, la consumación
de la Independencia, es de un perfil más tenue, pasa casi desapercibida. Muchas
razones habrá, pero me da la impresión, que la carga del Grito de Independencia
es más intenso, es un huracán estrepitoso por lo inédito y sorpresivo y por el
misterio que asume en el devenir del tiempo. Frente a la consumación que se
pierde en la memoria del tiempo.
Frente
a personajes tan dramáticamente revestidos como: Hidalgo, Allende y Morelos.
Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, Agustín de Iturbide, resultan un tanto
desangelados y de comportamientos más erráticos. Frente al chispeante llamado
de las masas por Hidalgo en el célebre Grito de Dolores se contrapone un desabrido abrazo en
Acatempan entre Guerrero e Iturbide.
El
prestigioso historiador mexicano Enrique Florescano comenta que: "a un
poco más dos siglos del comienzo de las guerras de Independencia en América
Latina, la imagen que desde su aparición marcó el fenómeno revolucionario sigue
viva en el siglo XXI”.
Seguramente
que todos los acontecimientos de creación de la patria tienen aprecio, en
ocasiones desproporcionado o mezclados con un heroísmo que contagia sin freno
en la reflexión.
De
qué estarán hechos los héroes, qué joven poeta amasija con romántica entonación,
en la escritura de Manuel Acuña, cuando dice:
Sonaron
las campanas de Dolores,
Voz
de alarma en el cielo estremecía,
Y
en medio de la noche surgió el día
De
angustia libertad con los fulgores.
Temblaron
de pavor los opresores,
E
hidalgo audaz el porvenir veía,
Y
la patria, la patria que gemía,
Vio
sus espinas convertirse en flores.
Benditos
los recuerdos
venerados
De
aquellos que cifraron sus desvelos
En
morir por sellar la Independencia;
Aquello
que vencidos, no humillados,
Encontraron
el paso hasta los cielos
Teniendo
por camino su conciencia
¿Y
qué pasa en la memoria colectiva del mexicano actual? Nada significativo. Nos
acostumbramos a celebrar sin conmemorar, estamos a punto de destruir nuestro
pasado. De volvernos inmunes ante la historia.
A
fuerza de quitarle enjundia dejamos en los huesos a la historia, un espectro
que tiene sobreponerse a las corruptelas y sin sin rumbos de los gobernantes.
¿Somos
o no una sola, patria? ¿Somos o no un solo territorio? ¿Una sola, justicia?
¿Somos o no un solo proyecto de país?
Piénsese
en las grandes aportaciones que las gestas históricas en donde va por medio la
patria y el desconocimiento real de la población sobre estos fenómenos,
pareciera que en los inicios del siglo XXI,
la destrucción del pasado, fuera una tarea a destajo.
¿Cómo
podemos olvidar tanto y tan pronto?
Reclamábamos
que en la enseñanza de la historia teníamos demasiada memorización de fechas y
personajes, sin que éstas dejaran huella. Y perdimos la brújula, la rosa de los
vientos dio más giros que los previstos.
¿Será
acaso que estamos saturados de dudas históricas?
Simplificación
de la historia, digo yo, soberbia pura, tanto del historiador académico, como
del cronista, la soberbia los ha alejado de las gentes comunes. Sus
disertaciones provocan ámpulas, salpullidos y sordera, sus palabras sólo las
entienden sus pares en el colegio, en donde se pasean como fantasmas del infortunio. Con la patria celebramos 207 años
de vida nueva, de vida autónoma, libre
independiente y me quedo con el canto de Ramón López Velarde que hace
una suave patria mejor para nosotros:
Suave
Patria: tu casa
todavía
es
tan grande, que el tren va por la vía
como
aguinaldo de juguetería.
Y
en el barullo de las
estaciones,
con
tu mirada de mestiza, pones
la
inmensidad sobre los
corazones.
Suave
Patria: en tu tórrido festín
luces
policromías de delfín,
y
con tu pelo rubio se
desposa
el
alma, equilibrista
chuparrosa,
y
a tus dos trenzas
de
tabaco sabe
ofrendar
aguamiel toda mi briosa
raza
de bailadores de jarabe.
Tu
barro suena a plata,
y
en tu puño
su
sonora miseria
es
alcancía;
y
por las madrugadas del terruño,
en
calles como espejos
se
vacía
el
santo olor de la panadería.
Cuando
nacemos, nos
regalas
notas,
después,
un paraíso de
compotas,
y
luego te regalas toda entera
suave
Patria, alacena
y pajarera.
¿Usted
qué opina
estimado
lector?

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