lunes, 2 de octubre de 2017

Sep 01, 2017 
Fiestas patrias en México

En el mes de septiembre comienzan a todo lo largo y ancho de nuestro país las celebraciones anuales de la Independencia del dominio español. Tanto el inicio como la consumación están conmemorándose en el mes que recién comienza.
Frente a la apoteótica celebración de la apertura de la lucha armada, la consumación de la Independencia, es de un perfil más tenue, pasa casi desapercibida. Muchas razones habrá, pero me da la impresión, que la carga del Grito de Independencia es más intenso, es un huracán estrepitoso por lo inédito y sorpresivo y por el misterio que asume en el devenir del tiempo. Frente a la consumación que se pierde en la memoria del tiempo.
Frente a personajes tan dramáticamente revestidos como: Hidalgo, Allende y Morelos. Vicente Guerrero, Guadalupe Victoria, Agustín de Iturbide, resultan un tanto desangelados y de comportamientos más erráticos. Frente al chispeante llamado de las masas por Hidalgo en el célebre Grito de Dolores  se contrapone un desabrido abrazo en Acatempan entre Guerrero e Iturbide.
El prestigioso historiador mexicano Enrique Florescano comenta que: "a un poco más dos siglos del comienzo de las guerras de Independencia en América Latina, la imagen que desde su aparición marcó el fenómeno revolucionario sigue viva en el siglo XXI”.
Seguramente que todos los acontecimientos de creación de la patria tienen aprecio, en ocasiones desproporcionado o mezclados con un heroísmo que contagia sin freno en la reflexión.
De qué estarán hechos los héroes, qué joven poeta amasija con romántica entonación, en la escritura de Manuel Acuña, cuando dice:
Sonaron las campanas de Dolores,
Voz de alarma en el cielo estremecía,
Y en medio de la noche surgió el día
De angustia libertad con los fulgores.
Temblaron de pavor los opresores,
E hidalgo audaz el porvenir veía,
Y la patria, la patria que gemía,
Vio sus espinas convertirse en flores.
Benditos los recuerdos
venerados
De aquellos que cifraron sus desvelos
En morir por sellar la Independencia;
Aquello que vencidos, no humillados,
Encontraron el paso hasta los cielos
Teniendo por camino su conciencia
¿Y qué pasa en la memoria colectiva del mexicano actual? Nada significativo. Nos acostumbramos a celebrar sin conmemorar, estamos a punto de destruir nuestro pasado. De volvernos inmunes ante la historia.
A fuerza de quitarle enjundia dejamos en los huesos a la historia, un espectro que tiene sobreponerse a las corruptelas y sin sin rumbos de los gobernantes.
¿Somos o no una sola, patria? ¿Somos o no un solo territorio? ¿Una sola, justicia? ¿Somos o no un solo proyecto de país?
Piénsese en las grandes aportaciones que las gestas históricas en donde va por medio la patria y el desconocimiento real de la población sobre estos fenómenos, pareciera que en los inicios del siglo XXI,  la destrucción del pasado, fuera una tarea a destajo.
¿Cómo podemos olvidar tanto y tan pronto?
Reclamábamos que en la enseñanza de la historia teníamos demasiada memorización de fechas y personajes, sin que éstas dejaran huella. Y perdimos la brújula, la rosa de los vientos dio más giros que los previstos.
¿Será acaso que estamos saturados de dudas históricas?
Simplificación de la historia, digo yo, soberbia pura, tanto del historiador académico, como del cronista, la soberbia los ha alejado de las gentes comunes. Sus disertaciones provocan ámpulas, salpullidos y sordera, sus palabras sólo las entienden sus pares en el colegio, en donde se pasean como fantasmas del  infortunio. Con la patria celebramos 207 años de vida nueva, de vida autónoma, libre  independiente y me quedo con el canto de Ramón López Velarde que hace una suave patria mejor para nosotros:
Suave Patria: tu casa    
todavía
es tan grande, que el tren va por la vía
como aguinaldo de                  juguetería.
Y en el barullo de las
estaciones,
con tu mirada de mestiza, pones
la inmensidad sobre los
corazones.
Suave Patria: en tu tórrido festín
luces policromías de delfín,
y con tu pelo rubio se
desposa
el alma, equilibrista
chuparrosa,
y a tus dos trenzas
de tabaco sabe
ofrendar aguamiel toda mi briosa
raza de bailadores de jarabe.
Tu barro suena a plata,
y en tu puño
su sonora miseria
es alcancía;
y por las madrugadas del terruño,
en calles como espejos
se vacía
el santo olor de la panadería.
Cuando nacemos, nos
regalas notas,
después, un paraíso de
compotas,
y luego te regalas toda entera
suave Patria, alacena
 y pajarera.

¿Usted qué opina

estimado lector?

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