Mar 22, 2017
Los Pueblos Mágicos y las vacaciones
México
tiene 111 pueblos denominados mágicos. ¿Cuántos conoce usted querido lector?
La idea de las vacaciones de unos 60
años a la fecha se ha ido arraigando como una actividad necesaria en la vida
cotidiana de las personas en México.
La
idea de vacaciones estaban al filo del pecado; holganza y derroche eran su
sinónimo; nada de recuperar fuerzas, ni de eliminar el estrés. Vacacionar era
concebido como un lujo y una familia trabajadora no hace despilfarros. Bueno,
tampoco los podía hacer.
Los
que vivían en la ciudad de México hacían proezas corriendo a la playa de
Acapulco en los años cincuenta; ese sitio era el centro turístico por
excelencia.
El
sentido de ese paseo era la diversión, llenarse de arena el traje de
baño y escurrirlo de sol en el departamento, en la vecindad o bien en el cuarto
de azotea. Se recorría Caleta y
Caletilla como quien se transporta a un escenario de Hollywood; Tarzan, Chita y
Jane podrían salir a la menor provocación.
Luego se llegaba hasta la Quebrada y se veía a los intrépidos
clavadistas que se lanzaba hasta la profundidad de una covacha invertida, donde
se oía chocar el mar haciendo estruendos.
Enseguida
se visitaba el Hotel El Mirador,
donde se podía observar
fotografías de los dueños con los artistas de moda: Pedro Infante, Fernando
Fernández, Emilio Tuero, Tin Tan por supuesto, Tongolele, Silvia Pinal la
eterna. También los políticos pasaban en el escenario como
artistas, se conocía al presidente Miguel
Alemán, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Ernesto Uruchurtu, y jovencitos que hacían de pajes cortesanos como Luis Echeverría y José López
Portillo.
Recordar Acapulco era hablar del paseo, mínimo siete
meses, es decir cuando se comenzaba en diciembre a planear un nuevo paseo al
paradisiaco Acapulco, con su burro en la Roqueta.
Al
paseo de Acapulco se le agregaba una fotografía mínimo como testimonio, tomada
en la calle a la vera del camino de ese Acapulco que ya no está. Estos destinos
no eran mágicos, pero tenían una magia que daba rienda suelta la imaginación de
la familia.
En
esos años solo los ricos salían de vacaciones. Los pobres, que eran los más,
enmascaraban el paseo vacacional con el pago de una manda a algún centro
religioso de gran devoción (como la virgen de Guadalupe, la visita a san Juan
de los Lagos, nuestra señora de Zapopan, el niño de Fresnillo y recientemente
al Cristo rey del Cubilete).
Además
de advocaciones tan precisas como devociones se dieran en casa, otra
alternativa era caerle a un pariente una visita de sopetón y tener tres días de
ensimismamiento con los parientes escogidos al azar.
Entonces,
claro está, no existía lo que hoy llamamos tan turísticamente viajes
religiosos, pero tampoco los llamados pueblos mágicos
“El
Programa Pueblos Mágicos de México, desarrollado por la Secretaría de Turismo
en colaboración con diversas instancias gubernamentales y gobiernos estatales y
municipales, contribuye a revalorar a un conjunto de poblaciones del país que
siempre han estado en el imaginario colectivo de la nación en su conjunto y que
representan alternativas frescas y diferentes para los visitantes nacionales y
extranjeros. Más que un rescate, es un reconocimiento a quienes habitan esos
hermosos lugares de la geografía mexicana y han sabido guardar para todos, la
riqueza cultural e histórica que encierran.”
¿Cuántos
pueblos mágicos de Coahuila, conoce usted?
Recuérdelos:
Arteaga, Cuatro Ciénegas, Parras de la Fuente, Viesca, Candela y Guerrero.
Si
tiene la opción de vacacionar, deje descansar la cotidianidad, haga buenos
planes para disfrutar de los días de asueto, planee bien sus vacaciones en este
2017, usted se lo merece.

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