lunes, 2 de octubre de 2017

Mar 22, 2017
Los Pueblos Mágicos y las vacaciones

México tiene 111 pueblos denominados mágicos. ¿Cuántos conoce usted querido lector? La  idea de las vacaciones de unos 60 años a la fecha se ha ido arraigando como una actividad necesaria en la vida cotidiana de las personas en México.
La idea de vacaciones estaban al filo del pecado; holganza y derroche eran su sinónimo; nada de recuperar fuerzas, ni de eliminar el estrés. Vacacionar era concebido como un lujo y una familia trabajadora no hace despilfarros. Bueno, tampoco los podía hacer.
Los que vivían en la ciudad de México hacían proezas corriendo a la playa de Acapulco en los años cincuenta; ese sitio era el centro turístico por excelencia.
El sentido de ese  paseo era  la diversión, llenarse de arena el traje de baño y escurrirlo de sol en el departamento, en la vecindad o bien en el cuarto de azotea.   Se recorría Caleta y Caletilla como quien se transporta a un escenario de Hollywood; Tarzan, Chita y Jane podrían salir a la menor provocación.  Luego se llegaba hasta la Quebrada y se veía a los intrépidos clavadistas que se lanzaba hasta la profundidad de una covacha invertida, donde se oía chocar el mar haciendo estruendos.
Enseguida se visitaba el Hotel El Mirador,  donde  se podía observar fotografías de los dueños con los artistas de moda: Pedro Infante, Fernando Fernández, Emilio Tuero, Tin Tan por supuesto, Tongolele, Silvia Pinal la eterna.  También  los políticos pasaban en el escenario como artistas, se conocía al presidente Miguel  Alemán, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz,  Ernesto Uruchurtu, y jovencitos que  hacían de pajes  cortesanos como Luis Echeverría y José López Portillo.
Recordar  Acapulco era hablar del paseo, mínimo siete meses, es decir cuando se comenzaba en diciembre a planear un nuevo paseo al paradisiaco Acapulco, con su burro en la Roqueta.
Al paseo de Acapulco se le agregaba una fotografía mínimo como testimonio, tomada en la calle a la vera del camino de ese Acapulco que ya no está. Estos destinos no eran mágicos, pero tenían una magia que daba rienda suelta la imaginación de la familia.
En esos años solo los ricos salían de vacaciones. Los pobres, que eran los más, enmascaraban el paseo vacacional con el pago de una manda a algún centro religioso de gran devoción (como la virgen de Guadalupe, la visita a san Juan de los Lagos, nuestra señora de Zapopan, el niño de Fresnillo y recientemente al Cristo rey del Cubilete).
Además de advocaciones tan precisas como devociones se dieran en casa, otra alternativa era caerle a un pariente una visita de sopetón y tener tres días de ensimismamiento con los parientes escogidos al azar.
Entonces, claro está, no existía lo que hoy llamamos tan turísticamente viajes religiosos, pero tampoco los llamados pueblos mágicos
“El Programa Pueblos Mágicos de México, desarrollado por la Secretaría de Turismo en colaboración con diversas instancias gubernamentales y gobiernos estatales y municipales, contribuye a revalorar a un conjunto de poblaciones del país que siempre han estado en el imaginario colectivo de la nación en su conjunto y que representan alternativas frescas y diferentes para los visitantes nacionales y extranjeros. Más que un rescate, es un reconocimiento a quienes habitan esos hermosos lugares de la geografía mexicana y han sabido guardar para todos, la riqueza cultural e histórica que encierran.”
¿Cuántos pueblos mágicos de Coahuila, conoce usted?
Recuérdelos: Arteaga, Cuatro Ciénegas, Parras de la Fuente, Viesca, Candela y Guerrero.

Si tiene la opción de vacacionar, deje descansar la cotidianidad, haga buenos planes para disfrutar de los días de asueto, planee bien sus vacaciones en este 2017, usted se lo merece.

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