
Jun 12, 2018
¡Día del bibliotecario coahuilense!
Para Maru Galindo, Elsa Martha Rodríguez fieles bibliotecarias eméritas
Guardián
de libros, custodio de colecciones, depositario de manuscritos, y al mismo
tiempo: guía en la casa de la palabra, consejero literario, instructor del
conocimiento, así es el bibliotecario en la actualidad, que lo mismo puede
recetar un buen libro a quienes buscan refugio en la literatura, que brindar
asesorías escolares a jóvenes atribulados por los estudios.
El
13 de junio se celebra el Día del Bibliotecario Coahuilense y no me queda más
que reconocer su importante labor en tiempos en donde cada vez es más difícil
lograr que alguien lea por placer, que tenga ganas de aprender algo nuevo o
quiera ahondar en un tema específico.
Y
es que, a diferencia de lo que muchos piensan, los bibliotecarios ya no son
esos personajes análogos que viven entre el polvo de las colecciones, de hecho,
están más activos que nunca gracias a los nuevos servicios digitales que los
usuarios (ofrecidos los 7 días de la semana las 24 horas del día) encuentran en
las 150 bibliotecas del Estado, entre los que destacan la buscadores
electrónicos, talleres de creación literaria, cuentacuentos y hasta de
preparación de champú y alimentos.
Así
pues, el bibliotecario ha tenido que extender sus áreas de acción, ya no sólo
es un “mago” que encuentra el libro que uno está buscando entre todos los
pasillos y estantes, ahora también es maestro, psicólogo y hasta confidente.
Hasta cierto punto, me recuerda a esos buenos cantineros que no sólo ofrecen
tragos a los parroquianos, sino también prestan su oído y dan su mejor consejo
para menguar la tristeza de quien está en la barra.
¿Ha
visitado una biblioteca recientemente, estimado lector? Si no lo ha hecho, le
recomiendo que lo haga pronto y con calma. Si va en la mañana, encontrará a
personas mayores leyendo el periódico, a niños de alguna escuela que van de
excursión, a señoras en clubes de lectura, o a algún joven confundido que busca
pasar el tiempo. Y por supuesto, encontrará a los bibliotecarios sabiendo lo
que saben hacer: buscar y proveer a cada uno de los visitantes las letras que piden
o necesitan.
Justo
el otro día vi la magia en acción de esta noble profesión: una joven entró a la
Biblioteca Múzquiz Blanco ubicada en la Alameda de Saltillo, parecía afligida,
andaba sola y se veía algo desorientada, recorrió con la mirada los estantes
repletos de libros y, quizá como los problemas en su vida, no sabía por dónde
empezar. Ni siquiera sabía qué estaba buscando. Una bibliotecaria, de sonrisa
amable y semblante tranquilo, se acercó a ella y adivinando su desorden, la
llevó a la clasificación 800 y sacó el libro “Doce cuentos peregrinos”, de
Gabriel García Márquez. “Lee los que alcances a leer, y si quieres, te lo
puedes llevar prestado, ahorita te saco una credencial y cuando regreses me
dices qué te pareció”. La joven alcanzó a sonreír antes de que le salieran las
lágrimas, se sentó y se puso a leer. Su angustia y tristeza fueron
desapareciendo conforme avanzaba en las páginas.
Entonces
entendí que de eso se trata ser bibliotecario, no sólo de acomodar libros de
acuerdo a la clasificación Decimal Dewey (que es bastante nemotécnica, por
cierto), sino de encontrar el libro dotado de hermosura para cada persona.
¡Feliz
día del bibliotecario coahuilense a todos los que laboran en estos recintos de
cultura bibliográfica¡
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