
Abr 25, 2018
Políticas auténticas de inclusión
Hace
muchos años, los discapacitados sufrían enormemente los flagelos de la falta de
inclusión, a tal grado que muchos quedaban recluidos en las casas sin
consideración y además sin posibilidades de participar en las actividades
cotidianas.
Puede
ser un signo de progreso el saber que ahora hay grandes oportunidades para
considerarse incluidos. Gracias a distintos actores, se han mejorado las
condiciones para los discapacitados.
Rampas
en algunos sitios (cuando están bien elaboradas, ya que algunas más bien son
trampas mortales), agarraderas en baños públicos (en algunos baños incluso hay
sanitarios más altos para los usuarios).
Aunque
existen buenas razones, los discapacitados se ven agobiados por las personas
que los discriminan (de forma violenta o en algunos casos cortésmente) y por la
infraestructura urbana que debería estar adecuada a las necesidades de estos
discapacitados.
Las
calles de la ciudad, cualquiera que sea, y más si es ciudad de carácter
histórico con altibajos, como en el caso de Saltillo, las cosas se ponen
fatales. Ejemplo: no existe un respeto en la elaboración de las banquetas, cada
quien las construye a sus necesidades; les colocan una rampa al antojo para que
entre el carro en la cochera y nadie se fija en el transeúnte, ese es problema
de él. Y si se atreve el transeúnte a hacer reclamos, sale como lazo de
cochino.
Imagine,
querido lector, hipotéticamente una nueva colonia donde hay discapacitados con
problemas motrices y otros ciegos. En algunas de esas colonias de condición
baja, no llegó el presupuesto para banquetas, hay pedazos de ellas en las que
es mejor transitar por la acera con el peligro anexo de que algún rufián se lo
lleve de encuentro.
Afortunadamente,
las enfermedades que provocaban algunas de estas discapacidades como la polio,
fueron erradicadas paulatinamente y el número de personas con secuela del
achaque fue decreciendo.
Para
ellos no había atención experta que los guiara, mucho menos el pensar en formas
de transitar con cierta desenvoltura. Dejemos claro, nuestras calles, nuestros
servicios, no reúnen condiciones para ese transitar.
Un
día nos preguntamos ¿por qué no llega la Chatita?, sí, ella quedó formalmente
en venir desde las 7:30 de la mañana, era su primer día de trabajo; como a las
8:15 alguien se percató de que la puerta sonaba, alguien llamaba, era la
Chatita que desesperada tocaba en la puerta como el recurso último de ser
escuchada. Un poco mohína dijo con firmeza: estaba desde las 7:30 tocando y
nadie me abría, tocaba y tocaba y nadie me abría; hubieras tocado el timbre, se
le contestó, ella dijo con axiomático azoro ¡es que no lo alcanzo!
Cuando
se llega a la vejez con piernas bofas y difíciles de remolcar, como buscando la
querencia, las caídas de todos tamaños son frecuentes. Los escalones de tamaños
deformes ¡hay que reconocer que hay escalones mal hechos!, las alcantarillas
mal acomodadas, la falta de pulimento de algunas calles, lo lisas en otras son
como caminata de obstáculos para el incipiente anciano o el ya maduro.
Frecuentes también son las caídas en el baño cuando no hay los bártulos
necesarios para asegurarse; a estas alturas de la vida los huesos están más
débiles, por lo que las fracturas son más frecuentes y de los esguinces se
recupera uno muy lentamente.
“La
discapacidad es una condición que afecta el nivel de vida de un individuo o de
un grupo. El término se usa para definir una deficiencia física o mental, como
la discapacidad sensorial, cognitiva o intelectual, la enfermedad mental o
varios tipos de enfermedades crónicas”.
Las
personas con discapacidad, la –minoría más amplia del mundo–, suelen tener menos
oportunidades económicas, peor acceso a la educación y tasas de pobreza más
altas. Eso se debe principalmente a la falta de servicios que les puedan
facilitar la vida (como acceso a la información o al transporte) y porque
tienen menos recursos para defender sus derechos.
Debemos
tener una sociedad incluyente, buscarla a toda costa, pues está ampliamente demostrado que una vez
eliminados los obstáculos a la integración de las personas discapacitadas,
éstas pueden participar activa y productivamente en la vida social y económica
de sus comunidades. Por ello es necesario eliminar las barreras de la
asimilación de los discapacitados a la sociedad.
Debemos
tener ese horizonte de acción, eliminar las barreras y los obstáculos, pero
hagámoslo bien, no partamos de que con la intención basta. Yo sé de mejoras que
se han hecho con excelente intención, pero han resultado más agresivas que la
propia calle original.
No
la tomemos como moda, son necesarias y urgentes estas mejoras. Debemos tenerlas como políticas urgentes y
prioritarias.
¿Usted
qué piensa, estimado lector? gracias!
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