
Abr 18, 2018
Nadie es más que nadie
Sentirse
menos es un malestar muy común y al que nos enfrentamos cotidianamente. Éste se
manifiesta porque uno se siente incapaz, limitado, con una paralización
general. El problema de las personas que se sienten inferiores es la
autopercepción. Esa actitud hacia nosotros mismos no tiene objetividad, es tan
subjetiva que se convierte en un tormento.
Puede
uno sonreír, incluso hasta integrarse en charlas o conversaciones, parecer
normal, pero está dolido y piensa: los otros tienen mejores cosas que yo, el
pasto es mejor en otro predio. Esa sensación emocional de capacidades limita,
uno no sabe hacer nada de pronto y pareciera lesionado con dolores espantosos.
La sensación de autoestima tan baja tiene consecuencias, por lo que la pasión
se esfuma por los agujeros de esa tela que nos cubre.
Sin
duda, nuestra sociedad tan estratificada con categorizaciones absurdas ayuda a
consolidar bloques que se convierten en contrarios a uno mismo sin razón
alguna.
Cuando
logras poner fin a tu intranquilidad bárbaramente larga, abres los ojos y
chocan en tu cabeza pensamientos nocivos y peligrosos. Después de un vela
duerme donde has soñado casi realmente que te persiguen, sales a gritar porque
será otro día negro o verde, ya no sabes qué color pero sientes que será tan
denso como la melcocha.
La
ropa antes de colores más vivos comienza a ser más oscura, quieres pasar
desapercibido y hay frases que se te agolpan, “tú no sabes hacer eso”, “no
saldrá bien”.
Tenemos
un caminar más lerdo y buscamos aislarnos a la brevedad. Que todo acabe pronto.
Lo que anteriormente hacías perfectamente ahora dudas en realizarlo, es más,
sabes que te saldrá mal y te preguntas: ¿Para qué lo intento? ¿Por qué me
siento inferior? ¿Beneficia a alguien que me sienta interior?
La
autopercepción que se tenga de uno mismo, el cómo te ves, es lo que determina
la forma en que procesamos la información del exterior.
Es
decir, la visión que tenemos de nosotros mismos es lo que marcará la manera en
que percibamos, procesemos, almacenemos y recordemos las experiencias que nos
ocurran.
Ubiquemos
el problema que no está en los demás; el problema tiene que ver con uno y
su mundo interior.
Cuidado,
porque nuestra sociedad produce una desigualdad e injusticia en los
comportamientos. Debemos tener una pizca de humanidad, de buen humor, de
alegría. También debemos buscar una forma de pensar que sirva para afianzarse
en un entorno hostil.
Al
dicho: la conciencia no lo permite, debemos responder con ideas fuertes, no
sólo para sobrevivir, sino para caminar con paso firme para alegrar más
nuestra vida.
Nuestra
sociedad produce, por la famosa idea de éxito, al éxito como producto
ideal y entonces se dice: “en la vida
hay pendejos y yo”.
¡Pobres!
¡Pobres! Y pensar que hay instituciones que llevan a los alumnos al éxito como
meta última de realización humana.
Todo
esto que platico no es nuevo en la existencia humana, los señores y súbditos
creaban esa condición, el rey y sus súbditos, los letrados y los iletrados, los
intelectuales y los obreros, la condición de mujer y de hombre, de gobernante y
gobernado. El hombre y la mujer los han echado a caminar sin rumbo, sin cobija,
sin petate. Veamos la luz al final de este túnel, ya que sentirse inferior
puede desembocar en una depresión y hasta en el propio suicidio.
Deberíamos
tener una ascendente que cambie desde la base, la educación, trabajando la
seguridad y confianza en sí mismo. Nuestra educación debe generar un amor por
la vida, la tolerancia, la seguridad y por la confianza. La competencia entre
sabios y tontos no debe existir más.
¿Cuántas
veces al día te comparas con alguien? Olvida eso, comienza a querer tus
defectos, a vivir con dignidad; lo
trompudo y viejo no es limitante para andar por la vida, tus pensamientos crean
tu realidad y si te empeñas en pensar y en repetirte que vales menos que los
demás, lo único que verás son pruebas que lo confirmen. Que tu alegría se
imponga de forma real la construcción de un mundo mejor.
Cuando
todo esto no lo provees viene el desastre. Quiérete a ti mismo, respétate
¡nadie es más que nadie!
¿Usted
qué opina estimado lector?
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