
Abr 11, 2018
El regreso de vacaciones. Seguras
anécdotas.
Los
que disfrutábamos de vacaciones en los años 60´s regresábamos con una sonrisa
de satisfacción, Acapulco era el paraíso anhelado. Todos las familias
conformadas por papá, mamá y con al menos
tres hijos o más anhelaban una fotografía a la vera de Caleta o Caletilla como muestra
de que habían estado en esos lugares. Sitios tan apetecidos en esos tiempos por
las clases con aspiraciones a ser incluidos en esa sociedad emergente tan
propia del milagro mexicano. La foto de
ese recuerdo de viaje ahora tiene un valor de memoria familiar
Por
ejemplo: algunos de los que aparecen en la fotografía ya murieron; lozanos
sucumbieron con la gran tristeza del resto de los hermanos.
Algunos
de los niños que habían ido de vacaciones a Acapulco comentaban al regreso ante
la pregunta ¿cómo es el mar? Explicaban: dicen que hay agua después de toda
esta gente que está en la playa.
Todos
se desplazaron en la camioneta de la
familia (Dalila era su nombre). Iba repleta de tías y primos disputándose un
lugar; el tío Gordo manejaba con singular alegría al compás de las cadencias de mambo o cha cha
chá de moda, del rock en español poco y en idioma inglés infumable.
Durante
el traslado a ese paraíso comíamos sandia, trozos grandes; luego comenzamos a
sentir el rigor del viaje después de Chilpancingo. No terminaban las curvas
sino que estas se hacían más sinuosas
hasta causarnos vértigo. Eso nos provocó un vahído con tal dramatismo
que nos asustamos.
Reflexionábamos;
una sandía no podía hacer tanto daño, comentamos; hace teatro la tía,
seguramente quiere apapacho del marido reciente. El vómito no aguantó su
recipiente estomacal e inclinándose sobre su propia humanidad, este fue esparcido con tal
abundancia que para todos alcanzó; los que estábamos cerca queríamos salvar
nuestra integridad, cuando la tía se
arqueó como lusitana en representación de una danza. Todos gritábamos como
poniendo resguardo y escudo con clamor.
A
partir de ahí le tomamos una cierta tirria a la pobre, misma que no acabó hasta
que llegamos al puerto de Acapulco.
La
camioneta se estacionó por Caletilla. En esos parajes llenos de mitos y fantasías, nuestra emoción se desbordó entusiasmada.
Veíamos agua, una cantidad de agua inmensa interminable, arena pegajosa, y los
gritos de cuidado. Cuando apenas estacionamos esa camioneta, corrimos como si
tuviéramos apetito de diversión en esa agua que nos dio revolcones sin
compostura; salimos del primer
enfrentamiento llenos de raspones y un sabor de agua salada hasta ese momento
ignorado.
Hicimos
fortalezas de arena y nos enterramos en el polvillo. Dábamos rienda suelta a
nuestra alegría en ese depósito de olas que tenían un ritmo infatigable; nadie
podía sacarnos de ese sitio. Vino la
tarde y nuestros cuerpos pedían clemencia, nos fuimos a cenar y los pies
parecían que acarrean colgados 50 kilos cada uno. Llegamos al cuarto de hotel y
dormimos hasta el día siguiente.
Al
regreso de este paseo íbamos llenos de
anécdotas y de flatulencias en la confianza de muchas horas juntos; algunos ya
destacaban con singular alegría y confianza en el grupo en esos menesteres, y
se dijo: nada de esto debía contarse al regreso, ni los vómitos de la tía.
Cada
uno fue devuelto a su casa como quien es entregado en un servicio escolar. ¡Y
claro! nadie guardó detalles del viaje.
Por
mucho tiempo seguimos conversando de ese viaje, esa primera camada de primos
que fuimos sustituidos en el siguiente
viaje de vacaciones por otros que eran una generación menor. Las vacaciones se
nos volvieron un deseo y ahora se tornan indispensables porque así ha venido
evolucionando esto de vacacionar. Ahora mis hijos tienen un severo control de
esas vacaciones, ya que las planean con esmero con una gran logística con el
sabor de la convivencia y sobre todo con una profusión de recuerdos
fotográficos que se obtienen en tiempo real o casi instantáneamente.
Cuando
volvemos de vacaciones comienza la rutina de todo el año; el volver a empezar,
retomar el trabajo y todo lo que dejamos pendiente antes de irnos.
En
esta vuelta volvemos a encontrarnos con los problemas que por un tiempo
habíamos abandonado y olvidado.
Finaliza
la laxitud de horarios ¿todos estamos de regreso? Esperamos que usted haya
disfrutado las vacaciones.
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