Nov 15, 2017
Para Maru Galindo por su apoyo en estos artículos
La
historia de México está llena de mujeres
que sobresalen por su pasión y entrega a las ideas que motivan un cambio
social y político. Ellas se han atrevido a dar el primer paso para que sus
iguales sigan avanzado y rompan los esquemas impuestos generación, tras
generación. Un poeta famoso en el porfiriato con ínfulas de patrón como lo
fue Guillermo Prieto – destacado
político y poeta de origen mexicano, quien influyó notablemente en la vida
cultural y política de México durante el siglo XIX- expresaba con el pensamiento del siglo XIX
sobre las mujeres como meras compañeras de cuarto al decir:
“Que
sepa coser, guisar, barrer, que halle en la virtud placer y utilidad, que sea
religiosa, pero que no desatienda por una novena un guiso… ¡El día que hable de
política, me divorcio!”
Sin
duda que era este un pensamiento de la época, pero nada moderno ni sensato.
¿Usted
que piensa estimada lectora/lector? Para el siglo XIX la mujer era considerada
casi un objeto que no debía participar en la vida pública ni de manera absoluta
en la política. La actividad política era un territorio vedado a la mujer en
México. Había muchas causas de ello, una, por la gran desigualdad social
generada en el porfiriato y un desequilibrio tal que la mujer estaba en el
séptimo lugar de las preocupación en asuntos sociales.
Pocas
de las mujeres asistían a la escuela y en las clases menos favorecidas se
notaba aún más, por ello eran poco atendidas en sus derechos. Para finales de
1800 la mujer era activa ya en los centros de trabajo como operaria en la
industria, además del gran trabajo desplegado en el mantenimiento y manutención
de la familia.
La
mujer del siglo XIX, a pesar de haber vivido un cambio en las estructuras
políticas, ideológicas, económicas y sociales, no lo hizo en el cambio de su
ámbito personal, pues sus sentimientos, pensamientos y opiniones quedaron
callados y omitidos por la mayoría de los hombres y de la sociedad de dicho
siglo. Ni la colonia ni la independencia, ni el porfiriato permitieron a la
mujer desarrollarse como ser humano; es más, no se les permitió ni siquiera
decidir sus sentimientos en cuestiones de amor, amistad, fraternidad y mucho
menos en política.
México,
a principio del siglo XX, era un mosaico
de etnias y una mezcla de clases dónde los pobres eran en gran cantidad. Ya
fuera como periodistas, escritoras, enfermeras o conspiradoras e incluso
como vendedoras de sus bienes materiales
para sostener el movimiento revolucionario, la participación de las mujeres en
la Revolución Mexicana fue amplia y valerosa.
Por la investigación de Lorena Hernández Reyes, de la Universidad
Autónoma del Estado de México, hoy conocemos los nombres de numerosas mujeres
que arriesgaron todo por un ideal.
Veamos
algunos casos:
Juana
Belén Gutiérrez de Mendoza quien dirigió el periódico Vésper, consagrado a
defender a los mineros y a combatir la dictadura.
Guadalupe
Rojo viuda de Alvarado, fue directora
del periódico Juan Panadero (periódico difundido en Guadalajara y después en
México). Luego presa en la cárcel de Belén por defender a los campesinos de
Yautepec.
Emilia
Enríquez de Rivera, “Obdulia”, sostenía ideas renovadoras en la revista Hogar;
mientras que Julia Sánchez, “Julia Mata”, lanzaba violentas críticas a la oligarquía
en El látigo justiciero.
Desde
la sierra de Guerrero, Dolores Jiménez y Muro, fue coronela redactora del Plan
Político y Social. En este documento —escrito por revolucionarios de cinco
entidades de la República— se desconoció el régimen Porfirista.
María
Hernández Zarco se hizo notable porque en 1913, cuando todas las imprentas de
la capital se negaron a imprimir el discurso del senador Belisario Domínguez
—en donde condenaba el régimen de Victoriano Huerta—, ella lo hizo a
escondidas, por las noches, en el taller de Adolfo Montes de Oca, donde
trabajaba.
Hermila
Galindo, de Ciudad Lerdo, fundó la revista Mujer moderna y solicitó el voto
femenino al Constituyente de 1916; también realizó propaganda a favor de
Venustiano Carranza.
La
familia Serdán fue un icono de rebeldía en los complots, pasó de las armas, correos a la difusión de noticias. Sobresalieron
Carmen Serdán, hermana de Aquiles; Carmen Alatriste, su madre; y Francisca del
Valle, su esposa. También se involucraron Guadalupe, Rosa y María Narváez, las
que coordinaron las operaciones en el estado de Puebla, imprimieron y
repartieron proclamas, así como distribuyeron armas, para luchar contra el
régimen de Díaz.
Numerosas
mujeres fundaron clubes liberales y antirreleccionistas, y mantuvieron el
espíritu de lealtad a la democracia y protesta contra la usurpación Huertista.
La profesora María Arias Bernal organizó el Club Lealtad, junto con Dolores
Sotomayor, Inés Malváes, María Elvira Bermúdez y Eulalia Guzmán.
Como
precursoras del sindicalismo tenemos a
Isabel Díaz de Pensamiento, Anselmo Sierra, Carmen Cruz, Margarita y
Guadalupe Martínez y Lucrecia Toriz. Hubo mujeres que comandaron tropa como el
caso de Antonia Navarro Ramírez, hermano de Cándido Navarro Ramírez, (maestro levantado en armas en
Guanajuato en favor de Madero). La lista crece cuando hablamos de las
soldaderas que dieron su esfuerzo por la revolución por lo sería bueno en las
fechas de la revolución considerarlas en los homenajes ¿usted qué opina
estimada lectora y lector?

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